miércoles, 11 de septiembre de 2013

BATALLA DE LA TORRE DE LA ALEGRÍA

Buenas tardes. Hoy os traigo un fic basado en la batalla dónde Eddard volvió a encontrarse con su hermana Lyanna. Era para un Reto de un foro sobre batallas, por eso no saldrá la parte que todos estais imaginando (porque Martin aún no ha dicho cual es la promesa (aunque todos la imaginemos)). Todo personaje y lugar pertenece a George R.R. Martin y yo no gano nada con ello. Espero que os guste.
                                                                                                                                                               

BATALLA DE LA TORRE DE LA ALEGRÍA 

Montañas Rojas de Dorne. El calor era insufrible y había un viento que hacía que las arenas de ese reino se metieran en sus ojos. Los siete hombres, que llevaban a sus caballos agotados, no estaban acostumbrados a este calor. Ellos eran norteños.
Venían de Bastión de Tormentas, dónde consiguieron que los Tyrell y Redwyne se rindieran tras haberlos sorprendidos por la retaguardia y que se arrodillaran y juraran lealtad al nuevo Rey de Poniente, Robert Baratheon.
<<Robert>>; <<si no hubieras hecho eso, ya habría venido mucho antes>>;  pensó el líder de esos hombres; <<como aceptó la matanza de los Lannister>>; <<sólo eran dos niños y una mujer>>; <<sólo piensa en erradicar a los Targaryen y se ha olvidado de mi hermana y de salvar el pueblo de un tirano>>.
El grupo estaba formado por William Dustin, Ethan Glover, antiguo escudero de Brandon Stark y el único que sobrevivió cuando fueron asesinados este y su padre, Rickard Stark, Señor de Invernalia, por Aerys Targaryen; Martyn Cassel, Theo Wull, Mark Ryswell y delante de ellos, un pequeño hombre con una armadura de color verde pero muy simple, Howland Reed; y comandándolos, el nuevo Señor de Invernalia, Lord Eddard Stark.
Lord Stark iba con la vista al frente, intentando llegar lo más pronto posible a la torre que Rhaegar Targaryen llamaba La Torre de la Alegría. Seguro que allí se encontrarían los hombres de la Guardia Real que faltaban. <<No pueden estar en otro sitio>>; <<los mejores hombres de la Guardia de Aerys están con ella>>; << Ser Oswell Whent, Ser Arthur Dayne y el Lord Comandante Gerold Hightower>>. <<Hoy puede que muramos todos, pero debo salvar a Lyanna>>.
-          Lord Eddard. A lo lejos se ve una torre – dijo Howland Reed y señaló un punto.
Ned agudizó su visión y empezó a ver como empezaba a verse la punta de una torre y entonces atizó con los talones a su caballo para que aumentara la galopada.
-                    -  ¡Vamos! Estamos cerca – dijo a sus hombres.
Eddard notó como sus compañeros iban azuzando a sus caballos para seguirle. Y también notó como Hielo le pesaba más que otras veces. La espada valyria de la Casa Stark, con la que había matado a cientos de hombres durante esta guerra que ya estaba a punto de finalizar.  <<Se acerca una batalla en la que morirán hombres justos, por un Rey que permite que maten a niños a cuchilladas y estampando sus cabezas contra paredes >>; <<y no podré conocer mejor a Catelyn, ni conocer a mi hijo>>.  Todo su cuerpo empezaba a tensarse y sentía los nervios subiendo por su estómago. Él, incluso cuando era niño, no estaba tan nervioso como en ese momento.  No sabía cómo estaban sus hombres, él era demasiado reservado para preguntarles por ello.
Había mandado una avanzadilla de tres hombres para que buscaran el sitio y les mandarán un cuervo con la posición exacta. Recibieron este hace varios días y respondieron que mantuvieran sus posiciones y no lucharan contra la Guardia.
La Torre iba apareciendo cada vez más grande y más cercana, y el Señor de Invernalia podía ver que está tenia uno de sus torreones derruidos. También vio que había tres hombres de blanco delante de la torre. Miró a ver si la avanzadilla se encontraba en algún sitio cercano o si le hacían alguna seña. Pero lo único que había era arena, más arena y dos árboles raquíticos dónde no podría esconderse nadie. Fueron acercándose cada vez más y pudieron ver que había algo en el suelo, al lado de los otros hombres. <<¿Qué hay allí?>>.  Pero mientras Eddard lo pensaba, fue viendo que eran hombres con capas grises. <<La avanzadilla que mandé. Los han matado>>.
Hicieron bajar a los caballos del galope al trote cuando estaban a media milla de allí, esperando a que los tres Guardias Reales fueran a por ellos, pero estos no se movieron. Los norteños se acercaron y pararon sus caballos. Vieron que los hombres muertos eran la avanzadilla que Ned había mandado. Y los hombres de la Guardia Real estaban de pie mirándolos. Ser Oswell Whent estaba afilando su espada con una piedra y La Espada del Amanecer y el Toro Blanco tenían su espada envainada. El Señor de Invernalia bajó de su caballo y sus hombres lo siguieron. Hizo el gesto para que envainaran su espada.
-                          -    ¿Por qué los habéis matado? – preguntó serio Ned mirando a los soldados muertos -.
-                        -    Intentaron atacarnos y matarnos – respondió Ser Gerold Hightower -. Si os hubieran esperado, no los habríamos matado hasta ahora.
-                         -   Tenían órdenes de no atacar.
-                          -   Pues parece que quisieron hacerse los valientes e intentar llegar a la gloria – respondió Ser Oswell -.
Ned volvió a mirar a los muertos y se enfadó porque no habían hecho lo que les había ordenado, <<tres muertos más que no debieron de morir>>. Entonces miró al Toro Blanco y se dirigió a él.
-                        -   Os busqué en el Tridente.
-                        -   No estábamos allí. Teníamos otras órdenes que cumplir – replicó Ser Gerold.
-                        -   De haber estado, nuestro auténtico Rey seguiría en el Trono de Hierro y el Usurpador lloraría lágrimas de sangre al lado de sus perros – dijo Ser Oswell sin dejar de afilar su espada.
-                    -   Cuando cayó Desembarco del Rey, ser Jaime, vuestro hermano de la Guardia Real,  mató a vuestro Rey llevando una coraza de oro. ¿Dónde estabais entonces? – preguntó Ned
-                   -   Muy lejos – respondió Ser Gerold Hightower -. Sino nuestro falso hermano ardería en los Siete Infiernos con su padre y el maldito Baratheon; y Aerys y toda la familia Real seguiría viva. Incluso los niños.
Lord Eddard Stark frunció el ceño durante un instante, recordando los cadáveres de los niños Targaryen, <<maldita sea, Robert>>; <<querías ganar una guerra con miles de inocentes muertos>>; <<¿cómo puedo convencerlos para llegar a Lyanna?>>; <<debo hacer que se unan a nosotros>>. Volvió a poner su rostro adusto, serio.
-               -   Fui a Bastión de Tormenta y levanté el asedio. Lord Tyrell y Lord Redwyne se rindieron a nuestras fuerzas y al Rey Robert. Ellos y todos sus hombres han jurado lealtad y han entregado sus pendones. Llegué a pensar que estabais con ellos y que os habíais rendido. El Rey ha sido misericordioso con Ser Barristan Selmy y Jaime Lannister. Aún podéis rendiros.
-              -  Nosotros no nos arrodillamos tan fácilmente. Sólo servimos a un Rey y ese no es Robert Baratheon – respondió Ser Arthur Dayne.
-            -  Ser Willem Darry ha huido a Rocadragón con vuestra reina y con el príncipe Viserys. Podríais haber embarcado con ellos. – siguió Eddard.
-                   -   Ser Willem es un hombre fiel a los principios del honor y de la caballería – señaló Ser Oswell Whent.
-                 -   Él no es un Guardia Real – respondió el Toro Blanco -. La Guardia no huye. Lucha hasta la muerte por su Rey.
-                -   Desde Aegon I el Conquistador hasta Aerys II Targaryen – dijo Ser Arthur -. Hasta el final. – Se puso el yelmo.
<<Es imposible convencerles>>; <<tendremos que luchar hasta la muerte>>.  Ned se puso la mano diestra en la empuñadura de su espada.
-       -  Hicimos un juramento que es inquebrantable. Y lo vamos a cumplir – dijo el anciano Ser Gerold, desenvainando su espada.
Los otros seis hombres, se pusieron al lado de Ned, desenvainando sus espadas y preparándose para la batalla. Ser Oswell dejó la piedra con la que afilaba su espada y Ser Arthur Dayne dijo:
-                -   Esto va a empezar ahora mismo – dijo la Espada del Amanecer desenvainando a Albor.
-               -   No – respondió Eddard con voz triste y entrecortada -. Esto va a terminar ahora mismo, para siempre y morirá gente que no lo merece – desenvainó a Hielo -.
Los siete norteños y los tres hombres de la Guardia Real, empezaron a dar vueltas con las espadas desenvainadas. Los norteños eran muchos más, Ned sabia eso, y que muchos de sus hombres no sobrevivirían a ese día. A su lado tenía a Howlad Reed y William Dustin.
-              -  Lord Reed, Lord Dustin, entren a la torre y busquen a mi hermana  - dijo mientras miraba a Ser Arthur Dayne.
-                -   Pero, Lord Stark, debemos protegeros – dijo Howland Reed-. Y nos necesitáis a todos para poder ganar a las mejores espadas de la Guardia y de Poniente.
-            -  Lo que necesito es que encontréis a Lyanna. Ella puede necesitaros más que yo – miró a Howland -. Cuidadla.
-                  -   Ella me salvó en Harrenhal y me protegió. Le debo todo. La protegeré con mi vida.
-                 -    Entonces, el momento es… - miró Eddard a todos sus compañeros, y levantando la voz, gritó: - ¡Atacad! – y se lanzó directamente a por la Espada del Amanecer con un sablazo hacía su cabeza.
Los hombres empezaron a lanzarse a sus enemigos con brutalidad. Ethan Glover y Martyn Casell fueron a por Ser Oswell Whent; Theo Wull y Mark Ryswell a por Gerold Hightower.
La Espada del Amanecer detuvo el golpe con Albor a dos manos y se separó de Ned. Ned vio que Glover atacó a Ser Oswell con un tajo al estómago, que fue detenido fácilmente y el golpe de Casell fue evitado con una finta a un lado. Howland Reed y William Dustin entraron corriendo a la torre. <<Encontradla>>. También vio que Wull y Ryswell atacaban a la vez al Toro Blanco, el cuál paro un golpe y saltó para evitar el otro, pero después, rápidamente suelta una estocada que golpea en uno de los costados de Ryswell, dejando el jubón desgarrado, y entonces vio que Ser Arthur lanzaba su espada contra él, apuntando a uno de los costados.
Ned paró el golpe a dos manos y las espadas quedaron pegadas y ambos hicieron fuerza. Ned tuvo que dar un paso atrás y notaba a Albor cada vez más cerca suyo, <<no puedo morir>>; entonces empezó a soplar un fuerte viento que levantó arena y esta hizo que La Espada del Amanecer quitara su espada y retrocediera. Eddard miró a sus compañeros y vio como Gerold Hightower tiraba la espada de Theo Wull, daba un giro rápido, agachándose y echando su espada hacia atrás, clavando esta en el estomago de Mark Ryswell. Ser Whent iba retrocediendo a los ataques de los norteños, que le lanzaban estocadas a la vez al cuello y a la ingle para que se desangrara.
Volvió a ver a Ser Arthur como se rascaba los ojos y cuando finalizo, Stark le lanzó un golpe a dos manos, hacia el costado izquierdo del Guardia, este lo paró, pero Ned le lanzó otro golpe al otro costado, que su contrario paró con un salto atrás y lanzando a Albor al lado descubierto del norteño, quién tuvo que retirarse hacía atrás, pero notó un pequeño dolor en el costado y vio su jubón con un pequeño desgarrón. <<No puedo descuidarme, sino estaré muerto>>; <<no puedo quejarme ni sentir dolor>>.
Sólo se oía el ruido del viento, el entrechocar de las espadas y la respiración alterada de los combatientes.
Ser Arthur volvió a atacarlo con golpes a ambos costados, que hicieron que Ned tuviera que retroceder varios pasos, parándolos todos con Hielo, e intentando que no se le pegara al cuerpo. <<Es demasiado bueno para mi. Pero no debo desfallecer por el bien de mi hermana, de Invernalia y del Reino>>. La Espada del Amanecer lanzó una estocada hacia el cuello, que Lord Stark paró desplazando la espada de su enemigo y lanzó un tajo hacía el estomago del Guardia, pero este retrocedió de un salto y volvió a ponerse en guardia.
Mientras tanto, Ser Oswell Whent había recuperado terreno respecto a sus dos combatientes norteños e iba bloqueando sus golpes (primero uno y luego el otro) y soltándoles él estocadas a las partes del cuerpo que el jubón, la cota de malla, el ristre y el simple yelmo que llevaban no conseguían proteger. Ethan Glover dirigió una estocada al cuello del Guardia Real, este lo paro fácilmente y esperó el ataque de Martyn Cassel, pero volvió a recibir dos estocadas rápidas y con un grito de rabia por parte de Glover, y cuando frenó el segundo golpe notó como se le lanzaba encima otra espada a su cuello directamente. Tiró su cuello hacia un lado, arrastrando su cuerpo con él y, entonces, vio todo el tronco descubierto de su enemigo y golpeó con todas sus fuerzas con la espada a Martyn Cassel, notando como se rompía su jubón, la cota de malla y la carne. Arrancó la espada y el norteño cayó al suelo escupiendo sangre de su boca y lo tocó ya muerto.
Ser Gerold Hightower y Theo Wull se repartían golpes de espada al pecho y los costados y no retrocedían ni un milímetro de sus posiciones.
Eddard Stark  y Ser Arthur Dayne iban moviéndose de un costado a otro para evitar que el contrario encontrará el lugar por dónde clavar la espada. Ser Arthur iba lanzando estocadas, pero se retiraba inmediatamente al ver que Ned al instante cubría la posición. <<¿Qué deben de estar haciendo Howland Reed y William Dustin?>>; <<¿habría más hombres dentro de la torre?>>. Entonces el Señor de Invernalia dio un paso hacía delante y con Hielo a dos manos lanzó un espadazo hacia la cabeza de su enemigo, el cual la paró poniendo a Albor en horizontal e intentando que la espada no bajara más y lo matara. Ned apretó con todas sus  fuerzas hacía abajo para que la otra espada se rompiera o Ser Arthur se cansara y poder matarlo, pero el otro hombre mantenía la posición sin dejar que las espadas bajaran, <<¿cómo quiero romper Albor? Es imposible y Ser Arthur es el mejor caballero, pero debo luchar por mi familia>>. Sacó la espada al ver que era imposible atacar al Guardia de esa forma y retrocedió para volver a adelantarse con un golpe lateral. Ser Dayne paró el golpe y contraatacó lanzando una estocada hacia el otro costado, que Ned esquivó y retrocedió.
En ese instante, se oyó un grito… y un caballero blanco estaba arrodillado en el suelo. Era Ser Oswell Whent que tenía la espada norteña clavada en su cuello, separando un trozo del resto del cuerpo. Se había confiado al quedarle un único enemigo y atacando a Theo Wull a los lados y luego a la ingle, su espada fue desplazada y que lo echó hacia atrás y dejó la zona del cuello que el yelmo no protege desprotegida y el norteño descargó su espada y toda su fuerza allí.
El norteño sonrió y sacó la espada del cuello de su enemigo, que cayó al suelo y fue dónde estaba Ser Gerold Hightower luchando contra Theo Wull y lanzó su espada ensangrentada hacia la sobaquera izquierda, pero el Toro Blanco desvió el golpe con su espada y luego atacó al otro norteño, dando un salto adelante echándose a un lado, pero fue repelido.
Ser Arthur volvió a atacar a Ned con varias estocadas a los lados y a la cara, pero fueron parados por Hielo, y Eddard intentó contraatacar pero Ser Arthur no paraba de enviar un golpe detrás de otro, los cuales iba parando con dificultad. <<No puedo perder. Quiero conocer a mi hijo y a Cat. Y volver a Invernalia con Lyanna>>.
Mientras La Espada del Amanecer y el Señor de Invernalia se cruzaban golpes, los norteños iban golpeando a Ser Gerold Hightower, pero no lo hacían moverse de su sitio. Pero de repente, el Toro Blanco empezó a retroceder y Wull y Glover iban descargando golpes hacia el torso y las rodillas del Lord Comandante, cuando este, dio un giro con una rápidez impropia de su edad y descargó con furia su espada, con sus dos manos, cercenando el cuello de Theo Wull y antes de que Ethan Glover pudiera reaccionar, Hightower volvió a darse un giro hacia el otro lado y clavó su espada en el vientre de este, empujando hasta que esta salió por su espalda. El norteño empezó a sangrar por la boca, con los ojos desorbitados e intentando quitarse la espada con sus manos. El Comandante sacó su espada del cuerpo y este cayó de rodillas al suelo, mirando a su enemigo con los ojos pidiendo clemencia. Entonces Gerold volvió a clavar su espada en el corazón y Glover murió al instante.
En ese justo momento, salieron William Dustin y Howland Reed, con sus rostros completamente blancos y muy perturbados.
 <<¿Qué ha pasado? ¿Y Lyanna? ¿Por qué tienen ese rostro? ¿Está muerta?>>;  estaba pensando en todo ello, cuando vio de refilón que le venía la espada de Ser Arthur a la altura del pecho, entonces dio un salto para atrás pero trastabilló y cayó al suelo. Desde allí, vio como Dustin se lanzaba con su espada desenvainada hacía Ser Gerold Hightower y clavaba la espada en el pecho del hombre y saliéndole por la espalda, cuyo jubón blanco empezó a ponerse rojo y se volvió a oir como otra espada se desgarraba un jubón y Ser William Dustin cayó al suelo con la espada del Toro Blanco en su bajo vientre, intentando quitársela. Lo consiguió, pero entonces empezó a salir la sangre de su cuerpo a chorro. El Lord Comandante también cayó de rodillas, con la mirada perdida. <<Sabe que va a morir>>; <<y yo también>>. Vio cómo Ser Arthur levantó su espada, agarrándola con las dos manos, por encima de su cabeza y mirándolo con lástima a los ojos, dijo:
-                  -  Lo siento mucho Lord Stark, pero debo cumplir con el juramento al príncipe Rhaegar.
Entonces empezó a descender la espada y…
………………………….
<<Dioses, hay que avisar a Lord Eddard>>; <<tiene que verla antes que sea…>>;  pensó el pequeño lacustre mientras bajaba las escaleras corriendo detrás de William Dustin que lo hacía más rápido que él, al tener las piernas más largas. Howland mientras descendía recordaba aquel lejano Torneo de Harrenhal, dónde los Stark lo ayudaron a poder vencer a los señores de los escuderos que se habían metido con él por ser un lacustre de Aguasgrises y ese día juró que protegería a los Stark y les estaría en deuda hasta el fin de sus días. Llegaron hasta la puerta y salieron  afuera. Entonces vio como el Lord Comandante clavaba su espada en el cuerpo de Ethan Glover y este caía de rodillas, y que Eddard Stark estaba teniendo muchos problemas con Ser Arthur, <<sólo quedamos nosotros tres y si Eddard muere, nosotros moriremos muy fácilmente. Debe ver a su hermana>>.  Miró a Lord Dustin como desenvainaba su espada e iba a por el Toro Blanco, que había dado el golpe de muerte a Glover para que muriera sin sufrir más, <<es un caballero y Dustin no podrá con él si no lo coge por detrás>>; <<pero atacar a un hombre por su espalda no es de caballero>>. Dustin caminó hacía Gerold Hightower y cuando este empezó a darse la vuelta, corrió y clavó su espada hasta el fondo. Lord Reed oyó un ruido y vio como caía al suelo Lord Stark y que La Espada del Amanecer levantaba su espada por encima de su cabeza para clavarla en su enemigo.
<<¡No!>>; <<no puedo permitir que maten a mi señor>>; <<no puedo permitir que esto acabe así>>; <<¿pero qué puedo hacer>>.  Vio que Dustin cayó al suelo con la espada del Toro clavada en su bajo vientre; <<sólo quedo yo>; <<no puedo fallarles ahora, después de todo>>. Desenvainó la espada pequeña que llevaba, que realmente no era una espada, y corrió con todas sus fuerzas hacia Ser Arthur Dayne, cuando este empezó a descender su espada contra Ned Stark y…
……………………
…Ned cerró los ojos, <<perdonáme Lyanna>>; <<perdonáme Cat e hijo mio>>;  oyó como se clavaba la espada y que agujereaba la cota de malla y llegaba a la carne. Pero no sintió dolor, y eso le extrañó, porque cuando lo hirió Dayne, había sentido dolor.
Abrió los ojos y vio a La Espada del Amanecer de rodillas en el suelo, manteniéndose con Albor en su mano, con los ojos desorbitados, mirando la espada pequeña que tenía clavada en el costado derecho y también vio a Howland Reed enfrente de él, con la mano ensangrentada. <<Howland Reed me ha salvado>>.
-                   -  Lord Stark, ¿estáis bien? – preguntó el lacustre agachándose a su lado y dándole la mano para ayudarlo a levantarse.
-              -   Sí, sólo tengo un pequeño corte en un costado, pero estoy bien – respondió cogiendo la mano de su compañero y se levantó -. Gracias, Lord Reed. Me habéis salvado la vida. Estoy en deuda con vos.
-               -    No lo estáis, mi señor. Soy vuestro vasallo y debo protegeros con mi vida. Además vos y vuestra hermana hicisteis mucho más por mi.
Entonces miraron a Ser Arthur Dayne y vieron que estaba en el suelo desangrándose después de haberse arrancado la pequeña espada. Ned se puso a su lado e intentó tapar la herida con sus manos, pero el Guardia Real le decía que no con la cabeza y abriendo la boca, dijo:
-                    -  No…Albor…Ashara…Campoestrella – dijo mirándolo fijamente a los ojos de Eddard.
-              -   ¿Quereis que le lleve vuestra espada a vuestra hermana Ashara a Campoestrella? – respondió Lord Stark entendiendo lo que le pedia.
Ser Arthur asintió con la cabeza. El norteño se levantó y cogió a Albor en sus manos, <<pesa poco>>; <<esta espada debe quedar con sus dueños>>.  Se giró a Howland Reed y preguntó con ansiedad, dándole la espada:
-                 -  ¿Dónde está Lyanna?
-             -   Está arriba del todo – respondió el lacustre cogiendo la espada y al ver que Lord Stark corría hacía la torre intentó pararlo -. Pero ella…ella…
El Señor de Invernalia no escuchó lo que dijo su hombre y subia los escalones de la torre de dos en dos. <<Tranquila Lyanna, estoy cerca>>; <<te protegeré de todos>>; <<incluso de Robert>>.  Llegó al piso superior y vio una puerta al fondo abierta.
-                -   ¡Lyanna! – gritó Eddard y caminó rápidamente hacía esa puerta y entró a un cuarto.
Y allí vio, lo que llevaba meses viendo en miles de personas, nobles y aldeanos, hombres y mujeres, niños y ancianos,  que había visto hoy en sus hombres y en la Guardia Real, y que era la cosa más normal para cualquier guerrero, pero para él era el mayor pesar…

Sangre.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

EL VENADO Y LA CEBOLLA

Buenas tardes. Este fic trata sobre Stannis, el asedio a Bastión y a quién conoce. Se lo dedico a mi corrector de errores sobre Stannis @Lord_Stannis (gracias por arreglarme el desastre que tenía hecho). También al FanGirlTeam de Twitter, que están muy locas pero se leen mis fics corriendo y me hacen reír; y a las maestras Meñiquistas de Fics que me inspiran ideas de fics y que yo disfruto de los suyos (ya iréis viendo como aparecen cierto tic que os gustará XD). Bueno, todo personaje pertenece a George R.R. Martin (más conocido como "Gordito cabrón acaba ya") y yo no gano absolutamente nada con ello. DIsfrutad de la lectura.
                                                                                                                                                                  

EL VENADO Y LA CEBOLLA
Noche fría y casi cerrada, sólo se veían pequeñas estrellas en el cielo. Desde la torre de Bastión de Tormentas, se encontraba Stannis Baratheon, hermano del nuevo rey, Robert I, que llevaba encerrado en ese castillo desde hacía casi un año sufriendo el asedio de los Tyrell y Redwyne, que aún luchaban del lado del antiguo rey, Aerys II. Los asediadores habían cerrado los caminos para que no llegara comida ni agua.
<<Si es que Robert se ha acordado de nosotros>>.
Y por el Mar Angosto, al principio recibieron suministros hasta que las naves de Redwyne cerraron la entrada por la Bahía de los Naufragios y todo barco que se acercaba era hundido o asaltado. Así que hace dos meses se acabaron las provisiones que dejo Robert hace un año y los animales de campo ya los habían matado. Tuvieron que empezar a matar a los caballos y ahora estaban con las ratas.
<<Ratas>>; <<con ratas no viviremos mucho>>; <<si se acaban las ratas y Robert y sus “amigos” no vienen o envían algo…>>;  pensaba Stannis apretando los dientes. <<Ni comida ni hombres>>; <<Robert no me ha dejado nada, me ha dejado aquí para que muera a mí y a Renly, que es un niño>>.
Tenía una guarnición de quinientos hombres hace un año, pero por la falta de comida, enfermedades venéreas y comer cosas en mal estado; sólo le quedaban cien hombres. <<Si los Tyrell atacan, no podré defender mi castillo>>, pensaba Stannis, que sería el Señor de Bastión de Tormenta cuando acabase este asedio  <<si vivo, Robert debe darme Bastión. Soy el hermano mayor y podré cuidar mejor a Renly. Este será su hogar o Robert podría darle Rocadragón cuando se la conquiste a los Targaryen, si no lo ha hecho ya>>. En ese momento notó pasos detrás de él, se giró y vio a un soldado que se acercaba raudo y le hacía una reverencia de cabeza.
-                       -  ¿Qué sucede? – pregunta él serio <<¿qué más falta por ocurrir?>> -.
-                       - Lord Stannis…no quedan más ratas para poder comer – respondió el soldado nervioso -.
-                      -  Entiendo – asintió Stannis, apretando los dientes -. ¿Habéis buscado en todos los lados del castillo?
-                      -  Sí, Lord Baratheon. Además… - respondió el soldado agachando la cabeza -.
-                      -  Además ¿qué? ¿qué sucede? – inquirió Stannis poniéndose más nervioso -.
-                     -   Al enterarse algunos soldados que no quedaban más ratas ni nada para alimentarlos han matado a gente del pueblo para…para comérselos.
-              -  ¿¡Comérselos!? – dijo furioso Lord Baratheon, apretando los puños poniendo los nudillos blancos y frunciendo el ceño intentando asimilar la noticia -. ¡Nosotros no somos salvajes! No comemos personas. ¿Dónde están esos hombres?
-                       -  Los hemos capturado y están reducidos. ¿Qué castigo queréis que se les imparta?
-                     -  Deben morir. Lo que han hecho es una atrocidad. Nosotros no somos animales. Debe hacerse justicia y el castigo por matar a otras personas es la muerte. Marchad y avisad al maestre, al castellano y a los comandantes para reunirnos en el salón principal – respondió Stannis y se dio la vuelta -. Colgadlos y dejad sus cuerpos colgando, para que cualquiera que se le ocurra cometer ese crimen atroz, sepa cuál es su castigo.
-                         -  Sí, señor – dijo el soldado
Oyó los pasos alejándose. Y miró el campamento de los Tyrell del cual se oía la música y los gritos de los soldados, el chocar de las copas de cerveza e incluso se veían hombres bailando, <<estos malditos están haciendo fiestas todas las noches mientras nosotros comemos ratas. Pero ellos son miles y nosotros cien sin contar a la gente del pueblo. Saben que si no abrimos el castillo, moriremos de hambre todos y ellos no perderán ni un hombre>>. Pensaba en todo ello mientras olía el cerdo que estaban asando en el campamento enemigo. <<Si Robert no viene o manda provisiones o un puñetero ejército, no aguantaremos más de una semana. Pero Robert ahora tiene su trono y prefiere estar con sus amigos. Cómo Eddard Stark y Jon Arryn. No puedo regalarles Bastión de Tormentas, mi hogar, ni a Tyrell ni a Redwyne, debo luchar>>.  Pensaba en todos ellos, con sus dientes traqueteando y frunciendo el ceño e intentando mantenerse serio y cabal, mientras que no muy lejos de allí…
………………..
Desde su baranda de velas negras, un hombre llevaba su bodega llena de cebollas y pescado en salazón. Tenía una misión difícil, pero era el mejor contrabandista de los Siete reinos. Pero por salvar la vida de personas honradas que pasaban hambre en Bastión de Tormentas, por  ayudar a los hombres de Robert, que parecía que iba a ser mucho mejor rey de Poniente que el Rey Loco y porque la causa era justa, y por la adrenalina que le subía por toda la sangre de burlar a los navíos de Redwyne, considerados los mejores de Poniente, en sus mismas narices. <<Debo llegar pronto sino puede que sea muy tarde para toda la gente de Bastión>>.
No había podido ir antes por culpa de que la marea estaba baja y para entrar por dónde no le vieran los Redwyne y debajo del castillo, necesitaba marea alta. Esa noche había marea alta y viento a favor que para atravesar la Bahía de los Naufragios era una bendición de los dioses, porque esa Bahía cumplía perfectamente su nombre. Además, con las pocas estrellas que iluminaban la noche casi cerrada, era casi invisible. Empezó a girar su nave hacía estribor y pasó a pocos metros de una nave Redwyne, la cual tenía varios vigías, pero miraban hacía la entrada principal de la bahía y no percataron a Davos. Viajaba sólo, sus hombres le habían dicho que debía llevar a alguno de ellos, pero respondió <<debo ir sólo. Si somos más de uno, los vigías podrían verlo. Además necesito el máximo espacio posible para poder cargar más cebollas y pescado>>.
A su vista se fue viendo más claro en acantilado calcáreo en el que se alzaba Bastión de Tormentas y paso entre dos navíos enemigos en los cuales se oían acordes de música, <<están despistados, no me verán de ninguna manera>>; <<ahora toca el túnel del acantilado>>. Volvió a poner el timón recto y fue surcando a buena velocidad hacía el difícil túnel que salía de las entrañas de las rocas que aguantaban Bastión. Más de una vez, cuando hacía contrabando, las barcas tuvieron daños, se hundieron y él y sus hombres hubieron de volver a la Betha Negra a nado o pidiendo otra barca a sus compradores. Pero está noche pensaba cruzar el túnel sin importarle si la nave aguantaría o no y si lo cogían preso o no, quería salvar a la gente de Bastión de Tormentas pasase lo que pasase y sin haberlos conocido jamás. Era un hombre de honor, aunque todos los hombres “con honor” lo llamaban contrabandista, sabandija, escoria marina y más cosas desagradables, <<y la mayoría de ellos hacen cosas mucho peores que las mías. Yo mantengo a mi esposa, hijos y a mis hombres>>.
Se fue acercando al túnel, y cogió los remos para tener más control de la nave. Empezó a remar a contracorriente para disminuir la velocidad de entrada del navío hasta que quedó quieto a pocos metros de la entrada. Entonces comenzó a remar con cuidado y se fue acercando hasta cruzar está. No se oía nada, sólo el movimiento del agua con los remos de Davos, pero de repente, se oyó algo que chocaba contra el lado derecho de la proa, <<una roca>>, e hizo girar la baranda a la izquierda. Miró si la nave se llenaba de agua por culpa del golpe, pero el suelo estaba seco. Siguió y fue vislumbrando una pequeña luz que fue haciéndose más clara hasta la entrada subterránea al castillo con unas rejas gruesas. Allí había un soldado apuntándolo con una flecha y dos con sus espadas desenvainadas. <<Ahora debo convencerlos que vengo para ayudarlos>>.
-                      -  ¡Alto! – gritó uno de los hombres de la espada desenvainada -. Soltad los remos y bajad.
Davos soltó los remos, se levantó y saltó para bajar del barco.
-                    -  ¿Qué hacéis aquí? ¿Sois un traidor de los Redwyne?  - dijo el mismo soldado y se acercó hasta poner su espada en el cuello de Davos-.
-              -  No soy un enemigo – empezó el contrabandista, <<debo medir mis palabras, sino me matarán y puede que ni miren la baranda>> -. Traigo comida, cebollas y pescado.
-                      -   ¿Y cómo sé que no mentís y es todo una trampa?
-                -  No lo sabéis. Pero podéis subir a mi baranda y abrir las cajas que hay en las bodegas. Hay alimentos para todos.
-                     -  ¿Cómo os llamáis? – preguntó el guardia y le hizo una señal al otro soldado que llevaba espada. Este se acercó a la baranda y subió a ella -. Si decís la verdad, ¿cómo habéis cruzado entre todos los navíos Redwyne sin ser visto? Nadie lo ha logrado en más de nueve ciclos de luna llena. Sólo habéis podido hacerlo si sois uno de ellos – apretó la espada contra su cuello -.
-                    -   Soy marino, he nacido en el mar. Vivo en el mar y mi hogar está lejos. Un buen marino sabe que para no ser visto es mejor una noche cerrada o surcar por dónde las estrellas no lo iluminen, además hoy hay marea alta y es cuando se puede entrar por este túnel con posibilidades de no morir. En alguno de los navíos parecía que hubiera fiesta – lo miró a los ojos sin mostrar miedo.
-                     -    ¡Malditos perros! Celebran que nos morimos de hambre. ¿Y por qué queréis ayudarnos? Podríais haber dejado que muriéramos de hambre – lo mira fijamente -. Conocéis muy bien el mar, cosa que sólo pueden hacer los verdaderos marineros o los contrabandistas. ¿Habéis venido a robarnos lo poco que nos queda? ¿Quién sois? ¿Cuál es vuestro nombre? Si no habláis, moriréis.
-                 -  ¡Godfryd! ¡Lernd!– gritó el soldado que estaba en la baranda y salió de la bodega con una caja -. ¡Es pescado en salazón! La bodega está llena de cajas con pescado y cebolla – les mostró el pescado -. Con lo que hay, podremos alimentarnos.
-                    -  Baja, Waldyr – dijo a su compañero el soldado que estaba con su espada en el cuello de Davos y miró a este -. Vos, decid quién sois. Es vuestra última oportunidad.
-                     -  Mi nombre es Davos.
-           -  ¿Davos? ¿El mayor contrabandista del Mar Angosto? Jaja, y ¿por qué el mayor contrabandista de Poniente vendría aquí jugándose la vida para traernos comida, cuando podría estar en su barco bebiendo ron y follándose a una puta?
-                   -  Porqué creo en vuestra causa. Creo en el Rey Robert y sé que será mejor Rey de Poniente que Aerys Targaryen. Aunque sea un contrabandista, también tengo honor y este me impide dejar que cientos de personas inocentes mueran de hambre y sed y lo justo era venir a ayudaros y poder salvar vidas que no merecen morir – dijo Davos serio y diciendo las palabras con sentimiento -.
El soldado lo miró a los ojos, separó su espada del cuello del contrabandista y dio unos pasos hacia atrás.
-                -  Lernd, entra y avisa a Lord Stannis que hay comida y que tenemos a Davos “El contrabandista”. Ves rápido.
-                      -  Sí Godfryd
El hombre de la ballesta bajó ésta, se dio la vuelta, cogió de su bolsillo una llave negra y abrió la reja. Agarró una antorcha, cerró la puerta y empezó a subir escalones hasta que se perdió de vista. <<No debo estar nervioso. He traído la comida para que vivan,  era lo justo y  correcto. Si me castigan por lo que he hecho, lo aceptaré. Si hoy no salgo de aquí, espero que Marya y mis hijos me recuerden por ser justo y dar mi vida por los demás>>.
………………..
Bajó los escalones de la torre para dirigirse al salón principal. <<¿Qué debo hacer? Sin alimentos ni agua no aguantaremos más de siete días. No tengo hombres y los que tengo seguro que me matarían o me entregarían a Tyrell a cambio de comida y salvar su cuello. Ya intentó el maestre de armas rendir el castillo y huir>>. El maestre de armas era Ser Gawen Wylde, que llevaba sirviendo para los Baratheon desde la época de Lord Steffon Baratheon, padre de Robert y Stannis, pero que al ver que las tropas enemigas eran más de veinte mil hombres y que ellos sólo eran quinientos, al anochecer intentó salir por la puerta posterior y hacer que las tropas Tyrell y Redwyne entrarán por allí. Pero fue interceptado por los vigías, arrestado y llevado a Stannis, el cual lo mandó encerrar en una celda hasta que acabó muriendo medio año después de su encierro. <<Hasta un hombre que era tan leal a mi familia, vio que nuestras defensas no serían suficientes sin que nos mandarán más soldados y provisiones. Pero el castillo ha aguantado un año, seguro que Robert aún se preguntará como aguantamos tanto, o puede que ni recuerde que estamos aquí. Y sin ayuda de Robert y sus amigos. Seguro que están esperando a que caiga el castillo por la fuerza o que todos muramos de hambre para venir. Tenía que llevarse a la mayoría de las tropas a Vado Ceniza y dejar sólo quinientos hombres. No puedo perder el castillo de mis padres, el castillo que conquistó ,durante la Conquista de los Targaryen, Orys Baratheon. Soy Stannis Baratheon, el legítimo Señor de Bastión de Tormentas y debo caer con mi castillo>>.
Bajó los escalones y se dirigió por el pasadizo principal hacía el salón. Todo soldado que se cruzaba con él le hacía una reverencia, <<no necesito reverencias, necesito hombres, comida y agua. Yo sólo quiero mantener en pie el castillo, y que la gente este bien y sin ningún daño , no necesito pleitesía ni que me alaben ni boatos. Esas son cosas de Robert>>.  En ese instante, vio al maestre Cressen.
-                             -   Maestre Cressen.
-                       -   Lord Baratheon. La situación es crítica. La gente se ha enterado que se han acabado las ratas e intentan escapar del castillo para entregarse a Lord Tyrell. Los soldados consiguen mantenerlos a raya, pero muy pronto serán ellos los que quieran entregarse al enemigo.
-                     -    Lo entiendo, maestre Cressen.– dijo frunciendo el ceño y tensándosele las venas del cuello -. Será mejor que vayamos al salón, los demás deben de estar esperándonos.
El maestre asintió y empezaron a andar. Iban a ritmo lento porque el maestre ya era un hombre mayor. Cuando llegaron al salón principal, les esperaban Lord Florent, que era el nuevo castellano de Bastión de Tormentas, y cuatro de sus capitanes, que habían luchado con él. <<Sólo cuatro, Robert. No podías darme más. A tu propio hermano. Si tuviera más hombres hubiera podido atacar a Lord Tyrell, pero así sólo puedo esperar y dejar morir a la gente>>, pensaba en ello con amargura mientras iba apretando sus puños.
Stannis se puso al frente de la mesa, y dijo:
-                   -  No tenemos alimentos ni agua. Somos muy pocos hombres y atacarlos sería mandar ir a una muerte segura. Sólo nos cabrían dos opciones: rendir el castillo y permitir que los Tyrell y Redwyne maten a todos los hombres. Y a los miembros de casas nobles tenerlos como rehenes hasta que recibieran el rescate que pidieran. <<Y en mi caso no llegaría jamás>>.  La otra opción es aguantar en el castillo hasta que vengan tropas del Rey Robert a acabar con este asedio.
-                       -  Señor, llevamos más de medio año esperando que cruce algún barco, pero no ha aparecido ninguno, y, perdonadme por lo que voy a decir, el Rey Robert se ha olvidado de nosotros. – dijo el capitán bajito, de la casa Florent
Stannis respiró hondo y frunció el ceño. <<Maldito Robert manda a alguno de tus hermanitos a sacar a los Tyrell>>.
-                     -   El Rey Robert ha tenido que luchar una guerra muy dura y con grandes pérdidas. Las tropas que se llevó eran necesarias para poder ganar esta guerra. No podía imaginar todas las tropas de Lord Tyrell y Lord Redwyne traerían para rendir este castillo. Ahora ha ganado la guerra y traerá un ejército para acabar el asedio – se rascó el ojo derecho; <<Si se acuerda de nosotros entre copa y copa y putas>>. La causa del rey es la nuestra y es la justa. Debemos esperar, los cuervos han sido mandados.
-                    -  Pero Lord Stannis, no queda comida ni agua, los hombres irán muriendo mucho más rápido que hasta ahora o empezarán a desertar, traicionarnos o incluso lo que han hecho hoy… - dijo Lord Florent -. Pueden ponerse en nuestra contra y matarnos para poder salir.
-                 -  Os entiendo, Lord Florent. Los hombres que han cometido ese sacrilegio han sido castigados con la muerte y sus cuerpos están colgando como advertencia. Hay que reforzar las entradas y evitar que salga nadie de aquí,  ¿Cuántos hombres se mantendrán en sus puestos hasta que lleguen las tropas reales?
-                       -   No sabría deciros. Puede que veinte o treinta soldados.
-                 -  Veinte o treinta – dijo Stannis mientras se rascaba con los dedos el entrecejo y pensaba: <<de cien. Esto cada vez está peor, pero soy su comandante y debo evitar que mueran más hombres injustamente hasta que venga la ayuda ¿Ayuda? A Robert jamás le he importado. Me trata como si fuera uno de sus soldados. ¿Por qué me va a ayudar ahora? Todos los que estamos aquí somos muertes sin importancia. Muertes aceptables. Debería rendir el castillo y salvar a los hombres, mujeres y niños que quedan. Pero acabarían matándolos a todos por servir la causa de Robert. Pero es mi hogar, y el de mis padres y no puedo fallarles, debo luchar>> -. Poned a los mejores vigilando las puertas y el resto que estén muy pendientes.
-                      -  Lord Baratheon – dijo una voz detrás de él -.
Stannis se giró y vio a uno de los soldados que vigilaban la entrada por mar al castillo. <<¿Qué querrá ahora?>>. Intentó relajarse, pero respondió con la furia reflejada en sus ojos aunque intentase mostrarte pasivo.
-                     -  Estamos en una reunión de Consejo sumamente importante. ¿Qué sucede?
-                     -  Cebollas, cebollas y pescado en salazón. Han traído comida – sonrió Lernd.
-                     -  ¿Comida? -  preguntó sorprendido y oyó que los otros hombres del consejo murmuraban sorprendidos -. Los barcos con provisiones no pasan de la Bahía de los Náufragos desde hace seis meses, los Redwyne hunden todo barco que ven.
-                        -  Sí, el contrabandista ha traído comida. Una nave llena de cajas con cebollas y pescado en salazón.
-              -  ¿Qué contrabandista? – preguntó Stannis con sorpresa y dudando -. ¿Cómo ha pasado un contrabandista entre las naves Redwyne? ¿No habréis bebido?
-                        -  No, no. Él ha pasado, Davos “El Contrabandista”. El mayor contrabandista de los Siete Reinos nos ha traído comida – sonrió el soldado pero al ver la cara de enfado de Stannis volvió a poner rictus serio -.
-                   -   ¿Davos? ¿Me estáis diciendo que habéis dejado entrar a Bastión de Tormenta a un contrabandista? ¿Por qué? ¿Por qué iba un contrabandista a ayudarnos cuando no gana absolutamente nada con ello? – preguntó apretando los puños y mirando fijamente a los ojos del soldado, sin entender lo que había sucedido
-                        -  Sí, Davos ha burlado a todas las naves Redwyne y nos ha traído comida. No sé la razón por la que lo ha hecho, sólo ha hablado con Godfryd.
<<¿Por qué nos ayuda?>>; <<¿querrá algo a cambio?>>; <<¿por qué un contrabandista iba a arriesgar su vida por ayudar a gente que ni conoce y que podría llevarlo al verdugo por sus crímenes?>>; << no gana nada con ello, la guerra no va con ellos>>.
-                      -  ¿Y dónde se encuentra? ¿O le habéis dejado escapar? Davos Seaworth es un contrabandista y a pesar de haber hecho una acción meritoria de todo agradecimiento y recompensa, ha cometido acciones que deben ser castigadas por la justicia del rey - preguntó y respondió Stannis solemnemente -.
-                        -  Está abajo, con Godfryd y Waldir custodiándolo y esperando vuestras órdenes.
Stannis se dio la vuelta y miró a su Consejo. Todos intentaban mantenerse serios y esperando su decisión <<pero realmente quieren ir abajo a comerse toda la comida>>.
-                   -  De acuerdo. Los capitanes vendrán conmigo, excepto Lord Florent que irá a avisar a las tropas para que estén vigilantes por cualquier movimiento. El maestre Cressen irá a enviar más cuervos a Desembarco del Rey – dijo sin mirarlos y dándose la vuelta de nuevo para hablarle al soldado -. Bien, acompañadnos a ver las cajas de comida y al contrabandista.
Empezaron a andar, por el pasillo principal hasta el final de este, entraron a un cuarto con una gran chimenea, salieron a otro pasillo por el que fueron a la final de este y que tenía una puerta al lado derecho, dónde dos soldados la protegían. Los soldados se hicieron a un lado y abrieron la puerta vieja de madera. Lernd cogió la antorcha que había dentro y empezó a iluminar el pasadizo y bajando los primeros escalones.
Empezaron a bajar todos en silencio. Cada escalón debía de bajarse con cuidado, porque eran altos y estaban húmedos por culpa de tener el Mar Angosto tan cerca. Sólo se oía el ruido del eco de los pasos. Todo estaba oscuro, excepto la zona que iluminaba la antorcha. Stannis no tenía miedo de la oscuridad, estaba acostumbrado a ella, pero había oído a gente que decía que la noche albergaba cosas horribles. Él creía que a veces las cosas más peligrosas son las que se ven a luz del día y contra las otras también podría luchar y vencer.
Estuvieron bajando escalones al menos tres minutos, hasta que vieron la reja de anchos barrotes y tres sombras. Lernd sacó las llaves de la puerta y la abrió. Stannis pasó por ella y vio a sus dos soldados y a un hombre serio, menudo, de pelo y ojos castaños y una barba corta salpicada de unas pocas hebras grises. <<Este debe ser Davos “El Contrabandista”>>; <<¿por qué ha venido aquí y se ha arriesgado?>>; <<será una trampa de Lord Redwyne?>>;  pensó Stannis mirándolo a los ojos y viendo como este le miraba fijamente un instante, antes de agachar la cabeza.
-               -   Lord Stannis, mirad – se le acercó Godfryd con una caja llena de pescado poniéndosela delante de la cara -. Comida. Está lleno de cajas de comida.
-                   - Ya veo – respondió Stannis echando la cabeza hacía atrás ante el olor del pescado -. Hay que alimentar a mucha gente – entonces miró a Davos -.  ¿Sois Davos , el contrabandista?
-                     -  Sí, señor – le dijo Davos -.
-                -  Bien – asintió apretándose las manos y suspirando. Se dio la vuelta y se dirigió a sus hombres -. Dejadnos solos, deseo hablar con él a solas.
-                    -  Pero, señor. No podemos dejarlo a solas con él. Podría haceros cualquier cosa. Es un contrabandista.
-                   -  Si hubiera querido hacernos algo, ya lo habría hecho. Deseo hablar y preguntarle ciertas cosas a solas – respondió resoplando y frunciendo el ceño. Miró a Davos -. ¿Lleváis algún tipo de arma, encima?
-                    -  No, señor.
-                   -  Bien. No lleva armas, ahora podéis esperar detrás de la reja. Si se le ocurre haberme mentido, no vivirá mucho más que yo. Es una orden – miró entrecerrando los ojos, vio como asentían sus hombres y se daban la vuelta-.
     - Volvió a mirar a Davos y le hizo un gesto con la mano para que lo acompañara. Empezaron a caminar hacía la baranda sin decirse nada. <<No parece un contrabandista>>. Se pararon enfrente de esta.
-                     -  Tengo preguntas por ciertas cosas y creo que vos podréis ayudarme a resolverlas.
-                     -  Sí puedo ayudaros a responderlas, lo haré, señor. Aunque no sé leer ni escribir.
-                     -  No hace falta que sepáis escribir y leer para responder a mis preguntas – soltó bruscamente -.
-               -  Disculpadme, Lord Stannis. Responderé todas vuestras preguntas. – dijo Davos bajando la cabeza y mirando al suelo -.
-                     -  ¿Por qué?
-                     -  ¿Por qué? – levantó la cabeza Davos sin saber que le preguntaba -.
-                  -  ¿Por qué habéis traído la comida? ¿Por qué os habéis jugado la vida para traerla cuando esta guerra ni os va ni os viene? ¿Por qué nos ayudáis? ¿Qué queréis a cambio? ¿Es un truco, una trampa de Redwyne y ahora los Tyrell están atacando el castillo? No lo entiendo, podríais estar en cualquier lugar del Mar Angosto haciendo tratos con otros contrabandistas – se pasó la mano por el pelo -. Responded. Hablad – lo urgió mirándolo a la cara -.
-             -  Yo…lo he hecho, porque era lo justo – dijo Seaworth mirándolo a los ojos -. No podía dejar que murieran hombres, mujeres y niños de hambre. Yo nací en el Lecho de Pulgas de Desembarco del Rey y pasé hambre, pero seguro que no tanta como aquí pasan. He traído las cebollas y el pescado en salazón porque es lo que tarda más tiempo en pasarse y os aguantará hasta que lleguen las tropas reales o que acabe el asedio.  Os ayudo también porque creo en vuestra causa y en el Rey Robert. Creo que no puede ser peor que Aerys y que la paz llegará por fin a Poniente y será un buen dirigente - <<yo no estaría tan seguro>> pensó Stannis -. No quiero nada a cambio. Sólo quería ayudar a gente inocente que no tiene culpa de esta guerra, hacer lo justo. Aunque sea un contrabandista, creo en la justicia – agachó la cabeza avergonzado -, y quería demostrarme que podía burlar a la mejor fuerza naval de Poniente. El mar es mi vida, mi amiga.
<<Parece ser sincero>>; <<y no quiere nada a cambio>>; <<pero sigue siendo un contrabandista>> - pensó Stannis mientras notaba que se le contraía el pecho -.
-               -   Me parece muy extraña vuestra forma de ser. Pensaba que los contrabandistas sólo querían su propio bien y llenar sus bolsillos de oro.
-                 -   Muchos son así, pero yo no. Como os dije, nací en el Lecho de Pulgas, pasé mucha hambre, me enrolé en un barco de contrabandistas, recibí palizas, seguí pasando hambre hasta que conseguí un barco y una tripulación. Tengo que alimentar a mis hombres y a mi esposa e hijos. No puedo permitir que haya gente que se muera de hambre y yo quedarme sin hacer nada. Creo en la justicia y lo que os hacían no era justo. No entiendo como el rey os ha dejado aquí y no viene a ayudaros – miró a Stannis y vio que cada vez apretaba más los dientes -. Disculpadme, no debía hablar así de su majestad, el rey, pero es lo que realmente pienso, os ha dejado a la muerte. Castigadme como creáis necesario.
<<Dice las cosas a la cara>>; <<no conozco a nadie que las diga>>.
-                   -   Sabéis que a mucha gente no le gusta que le digan las verdades a la cara, y os habrían matado por lo que habéis dicho. Pero yo creo en las personas que dicen lo que piensan – miró fijamente a los ojos de Davos -. Nos habéis salvado la vida a mí y a toda la gente de Bastión de Tormentas. Merecéis una recompensa, pero también un castigo por todo lo que habéis hecho mal. Las cosas buenas no deben tapar las cosas malas, sea quien sea.
-                  -  Lo comprendo y aceptaré el castigo que me sea impuesto. Pero os pido que alguien busque a mi familia para decirles que no volveré pero que morí haciendo algo justo.
-            -  Yo mismo me encargaré de decirles eso, pero vos se lo podréis explicar mejor. No pienso mataros. Habéis hecho cosas mal, pero creo que podríais ayudarme.
-                   -  Pero no sé escribir ni leer.
-               -  Pero sabéis navegar, conocéis los mares mejor que el mejor capitán de Poniente. Habéis burlado al mejor ejército de mar y no os han visto. Sois un hombre justo y decís las cosas a la cara. Quiero a alguien como vos a mis órdenes – dijo pasándose la mano por la frente cansada -.
-                  -  Pero, mi señor…no soy noble…sólo un simple ladrón. No merezco nada. Me conformo con ayudar.
-                -   Aún no sois noble, pero hoy lo seréis. No puedo prometeros tierras pero cuando sea Señor de Bastión de Tormentas, os las daré. Dejaréis de ser contrabandista y vosy vuestros hijos podréis  servirme. Y merecéis ser recompensado. Pero antes debo hacer justicia con vuestra antigua vida. Puede que los nobles no os agradezcan haber salvado sus vidas, pero yo sí ¿Sabéis cómo se castiga a un contrabandista?
-                 -  Sí. Se le corta la mano.
-                 -  Yo no os pienso cortar la mano. Sólo cuatro dedos de vuestra mano que no sea la de la espada.
-              -  Entiendo…- dijo Davos agachando la cabeza de nuevo pero volvió a levantarla y miro fijamente a Stannis -. Vos decís ser un hombre justo y que cumple con la justicia a rajatabla.
-                -  Sí, lo soy – frunció el ceño sin entender el significado de la frase y con mucho más dolor de cabeza.
-                -  Sí sois justo y mi castigo es que me cortéis cuatro dedos, querría pediros que lo hicierais vos.
-                -  ¿Yo?
-               -   Sí, los norteños dicen que el hombre que dicta sentencia es el que debe ejecutarla. Y yo quiero que vos, mi señor, sea quién me corte los dedos. Porque vos sois justo y honesto y creo en vos, alguien que ha aguantado casi un año de asedio contra un ejército grandioso y sin alimento, intentando mantener el mayor número de gente viva – después de decirle esto volvió a agachar la cabeza -. Es lo que creo yo que sería justicia, pero aceptaré el castigo de la forma que vos deseéis.
Stannis lo miró fijamente, <<siempre los norteños>>;  <<Davos. Jamás imaginé que un contrabandista iba a ser más justo, honesto y sincero que toda la corte y el rey juntos>>.
-                -   De acuerdo, yo os cortaré los dedos. Y después os nombraré Señor.
-             -  Lord Stannis, los otros nobles no estarán de acuerdo con eso, se pondrán en contra y… - iba a continuar, pero Lord Baratheon levantó la mano para hacerlo callar -.
-        -  Me da igual lo que digan los otros nobles y señores. Yo puedo nombraros Ser y lo haré. Me habéis mostrado más lealtad en pocos minutos, que todos mis soldados, capitanes y familia. Será mejor que volvamos arriba y acabemos el asunto del castigo allí – y empezó a dirigirse a la reja.
Davos lo siguió. Los soldados abrieron la puerta, y Stannis les habló:
-              -   Llamad a más soldados y descargad todas las cajas de comida que haya y subidlas. Que no desaparezca ninguna. Davos y yo subiremos arriba al salón principal. Dadme una antorcha.
-              -   Pero, mi señor…
-              -   Nada – levantó la mano para hacer callar al soldado. Le dolía la cabeza de oír “peros” en todas partes -. La antorcha
Uno de los soldados se la dio y empezaron a subir los escalones…
………………..
Subieron los escalones y Lord Stannis le iba haciendo preguntas sobre su antigua vida y su familia. <<Siente curiosidad por mí y mi familia>>; <<y quiere hacerme señor, pero no puede>>; <<soy un contrabandista y nunca me aceptarán como uno de los suyos>>; <<pero Lord Stannis parecía sincero y será el quién me cortará los dedos>>, se acarició los dedos de su mano izquierda. <<Al menos no serán los dedos de mi espada. Es bueno conmigo y sin conocerme. Pero es un hombre justo, honesto y cree en la justicia. Será un buen señor de Bastión de Tormentas, y yo podré cuidar a Marya y a los niños y no tendré que arriesgar tanto mi vida y cada noche podré volver a casa>>.
Siguieron subiendo hasta que salieron al pasadizo y fueron caminando hasta llegar al salón principal. Allí los esperaban un hombre mayor que llevaba una cadena de maestre y cuatro hombres que parecían soldados o capitanes. Davos entró detrás de Stannis y se mantuvo detrás de él, pero notaba como los soldados lo miraban mal, sin entender que hacía él allí y no en una celda
-               -  Lord Stannis, he enviado más cuervos – dijo el hombre que parecía un maestre
-               - Bien – respondió Stannis rascandose la nariz -.
-             -  Señor…creo que deberíamos hablar a solas sobre las defensas del castillo – dijo uno de los soldados que llevaba un broche con un zorro o un animal similar
-               -  Bien, empezad.
-               -  Pero, mi señor.
-               -  ¿Qué sucede, Lord Florent?
-               -  Él
-               - ¿Él? Os referís a Davos Sí. Es un contrabandista, aunque ha traído la comida puede ser un engaño. Puede que la comida este mala, o sea un espía de Tyrell y Redwyne para que nos confiemos y…
-               - ¡Basta! Sí, era un contrabandista y recibirá su castigo por ello. Pero a partir de hoy será un señor y puedo que aseguraros que la comida se puede comer y que no es un espía de Tyrell – respondió bufando -.
-               -  ¿Un señor? Pero, mi señor. No es de ninguna Casa Mayor ni menor de Poniente. No podéis nombrar a un contrabandista señor. Vuestro hermano no lo aceptará. No sabe las cosas que nosotros sabemos.
-                - Pero sabe cosas mucho más importantes y es mucho más honesto y sincero que la mayoría de nobles que conozco – respondió Stannis mirando fijamente a Lord Florent, apretando sus dientes y apretando la mesa con sus manos y mirándolo con desprecio -. Y mi hermano aceptará a Davos como señor porque nos ha salvado de morir de hambre.
-                -  Pero, mi señor… - iba a contestar Lord Florent, pero Stannis levantó la mano -.
-             - Pero, nada.Soy el comandante, tengo órdenes directas del Rey de hacer lo justo y necesario por mantener Bastión de Tormentas, y es de justicia recompensar a Davos por lo que ha hecho. Se hará así.
<<Me está defendiendo. Se meterá en problemas por querer recompensarme>>.
-             -  Lord Stannis, no hace falta que me nombréis nada. No soy noble y no sabría cómo comportarme. Yo no deseo nada, me conformo con haber salvado a la gente. Lord Florent tiene razón.
-              - Veis, hasta lo admite él mismo – dijo Lord Florent sonriendo
-             -  Es mi deber daros la recompensa que merecéis y es esa - dijo mirando a Davos y luego miró a los demás -.  Hay otros que tienen el título de Ser desde su nacimiento y no lo merecen. Lo seréis y me serviréis aquí en Bastión de Tormentas. Es mi última decisión.
Davos vio a todos los hombres de la sala asintiendo y él también asintió bajando la cabeza. <<No debería de apoyarme tan abiertamente. Esto le traerá problemas. No quiero que le pase nada a Lord Stannis. Él ha sido demasiado bueno y justo conmigo. Estaré sirviéndole el resto de mi vida y haré que mis hijos también le sirvan honestamente>>.
Se habló de cómo debían distribuir los alimentos entre los soldados y la gente del castillo. Davos escuchaba atentamente y empezaba a entender porque Stannis decía que había poca gente que fuera sincera y que dijera las verdades a la cara. Entonces se hizo el silencio, y Lord Baratheon habló:
-           -  Davos, debo cumplir con el castigo acordado por vuestra antigua vida – y le hizo un gesto para que se acercara -.
-           -  De acuerdo, mi señor – y se acercó hasta la mesa, poniendo su mano izquierda sobre ella. <<No debo mostrar debilidad, sino defraudaría a mi señor y los otros nobles tendrían algo más en mi contra>>; <<mi señor ha sido justo conmigo después de lo que he hecho hasta ahora, y podría haber sido mucho peor>>; <<debo ser fuerte por Marya y mis hijos>>; <<no puedo fallarles ni a ellos ni a mi señor>>.
Stannis sacó su puñal y se puso a su lado izquierdo. Entonces cogió su mano izquierda y le dobló el dedo pulgar. Notó que le temblaba la mano, y que le caía una gota de sudor por la mejilla derecha; <<él también está nervioso, pero debe cumplir con su deber y la justicia del rey>>. Levantó su puñal y la colocó sobre sus dedos y miró a la cara a Seaworth.
-             -  Si lo deseáis, podéis cerrar los ojos.
-             -  No, mi señor. Quiero verlo – respondió este mirándolo a la cara
En ese momento, Lord Baratheon levantó su puñal y lo bajó inmediatamente mirándose mutuamente a los ojos. Davos apretó los dientes y entrecerró sus ojos, intentando no gritar ni desprender ni una sola lágrima. <<Ya está>>.  Bajo su mirada y vio las primeras falanges de cuatro dedos de su mano izquierda separados de esta y desdobló el dedo pulgar, el único que le quedaba ahora completo.
El hermano del rey Robert volvió a envainar su puñal y se dirigió al maestre.
-       -   Maestre Cressen, llevaos a Davos a curarle y vendarle las heridas – luego miró a Davos -.  Cuando estéis bien, volved a bajar y luego podamos comer pescado en salazón con cebolla.
El antiguo contrabandista asintió, cogió sus dedos y cuando iba a marchar, empezó a oír gritos del exterior. -  - Eran de alegría, de júbilo. Davos se paró y se sintió bien.
-            -  Davos, debéis marchar con el maestre Cressen a que os cure la mano antes que os desangréis.
-           -  Sí, mi señor – asintió Davos y se dio la vuelta para salir, pero oyó a uno de los hombres decir en voz baja -.
-            -  Sí. Caballero de la Cebolla.
<<¿Caballero de la Cebolla?>>; <<que me llamen cómo quieran, yo sólo serviré a mi señor>>; <<Stannis Baratheon>>

FIN