CAPÍTULO 2: El principio del fin
…..
Se encontraba en el cuerpo de Viento Gris, con el sabor de
sangre de venado en sus dientes. A su lado, ibas sus hermanos excepto uno, que
murió; todos juntos de nuevo. Estaban en un bosque, olía a hojas, viento,
tierra y algo dulce, que no sabía que era. Era un olor que le atraía y que no
había olido antes. Se dirigió hacia ese olor, acompañado de sus hermanos,
corriendo a través del bosque. Ese olor lo impregnaba y cada vez lo olía más
fuerte y más cercano. Lo hacía enloquecer y acabó saliendo a un claro, donde
encontró su fuente de deseo y el de sus hermanos. Era una chica muy guapa, de
pelo castaño, anchas caderas y de la edad de su lado humano. Le estaba mirando
con dulzura. Sus hermanos la rodearon y él empezó a pensar, ¿Esa chica me suena? ¿No es la hija de Lord
Westerling? ¿Cómo se llamaba? << JEYNE >>. Entonces vio que sus
hermanos se iban a lanzar a atacarla; el lobo negro saltó sobre ella << ¡NOOOOO! >> y se
despertó. Estaba en una habitación simple pero caliente; estaba en una cama
cómoda y notaba algo que no sabía describir. Se tocó la frente y vio que no
tenía fiebre. Notó ese olor dulce que había olido en el bosque como Viento
Gris.
Viento Gris se subió encima de la cama y empezó a lamer la
cara de Robb.
- - Hola
Viento Gris – acarició su pelo –, ves a
tumbarte al lado de la chimenea – notó un latigazo en el brazo -, estoy bien –
el huargo fue a donde le dijo su amo.
- - ¿Os
encontráis mejor, majestad? No os mováis, habéis estado enfermo – oyó de una
voz femenina.
- - ¿Dónde
estoy? ¿Qué ha pasado? ¿Quién eres? –preguntó él.
- - Estáis
en el Risco. Os hirieron con una flecha en el brazo y la herida se os infectó.
Soy la hija de Lord Westerling, Jeyne, y os he prestado mi habitación, en la
cual estáis ahora. Habéis estado cuatro días con fiebres.
- - Cuatro
días. ¿Qué hora es?
- - Ya
ha anochecido, majestad. ¿Necesitáis algo?
- - Un
poco de agua, por favor.
Mientras Jeyne llenaba un vaso con agua, picaron fuertemente
a la puerta.
- - Adelante
– dijo Robb
- - Alteza,
ha llegado un cuervo de Aguasdulces – dijo el Gran Jon, entrando en la alcoba.
Tenía rostro serio y le hizo un saludo con la cabeza a Jeyne.
- - ¿Ha
sucedido algo mientras dormía? ¿Por qué mandan un cuervo a esta hora? – dijo el
rey el cual cogió el vaso que le ofrecía - . Podéis hablar delante de Lady
Jeyne.
- - No
lo sé majestad, me da muy mala espina y cuervo negro negras noticias trae –
dijo el Gran Umber -. Por los dioses, ahora que vamos ganando la guerra a los
jodidos Lannister – rugió.
Robb cogió la nota, la abrió y empezó a leerla. Su cara se
puso pálida, como la de uno de los Otros de los que hablaba la Vieja Tata. << No puede ser>>, <<Soñé
con ellos>>, <<Corrí con ellos por el bosque>>. Su ojos
se pusieron vidriosos y en ellos se veía una mezcla de odio y gran pena.
- - ¿Qué
dice la carta, mi rey? ¿Ha sucedido algo malo? –preguntó Gran Jon con
nerviosismo.
Robb se encontraba parado, incapaz de hablar, como si se le
hubiera roto algo por dentro. Sacó fuerzas de dentro y dijo mientras la caía una
lágrima por el rostro:
- - Son…
noticias de In…vernalia. Dicen que ha sido tomada y que mis hermanos…Bran y
Rickon, han sido a…sesinados por… por… el bastardo de Theon Greyjoy. ¿Por qué
lo ha hecho? Mi padre siempre lo ha tratado bien y pensaba que éramos como
hermanos. ¡Nos ha traicionado! ¡Traidor! – gritó con rabia el Joven Lobo,
golpeándola cama con el puño y se echó a llorar.
- - ¡Malditos
calamares! Lo siento muchísimo, majestad. Vuestra madre debe estar rota en
Aguasgrises, esperemos que no haga ninguna estupidez. ¡Os juró que serán
vengados! Le cortaré la cabeza al puto Greyjoy y os la traeré – bramó el Gran
Caballero.
- - Lo
quiero vivo. Quiero verlo morir a mis manos y que sufra lo que debieron sufrir
mis hermanos. Marchaos Gran Jon, deseo estar sólo. Viento Gris, espera fuera.
- - Como
ordene, alteza – y el gran caballero hizo una reverencia y se marchó acompañado
del gran huargo.
Robb se desmoronó sobre la cama y entonces Jeyne, la cual
seguía allí, dijo:
- - Majestad,
¿estáis bien?
El Joven Rey no respondió.
- - Sé
que no soy nadie para hablaros, ni podré entender como os podéis sentir. Yo
también tengo hermanos pequeños y si les pasará algo o murieran, yo también me
moriría o no sé qué haría…
- - ¡Calla!
– gritó Robb
- - Perdonad…alteza. Será mejor que me vaya – dijo muy nerviosa y
se dirigió hacia la puerta, pero cuando iba a abrir la puerta, habló el joven
Stark.
- - Disculpadme…
disculpadme, Jeyne. No he debido gritaros, sólo estabais intentando consolarme,
pero lo que le ha pasado a mis hermanos es terrible y… como ha podido hacerlo…
Theon… era como un hermano mayor para mí – dijo Robb con voz rota y se tapó la
cara con las manos para llorar.
Al verlo así, Jeyne se acercó al lecho en el que se
encontraba Robb y con su mano le acarició el suave pelo. En ese momento, Robb levantó
la cabeza y abrazó a Jeyne.
Notó el dulce olor de su pelo y su cuerpo. Olía a rosas, a limón y a algo que no distinguía. En ese
abrazo notaba, algo más, un sentimiento extraño, que le aceleraba el corazón y
sentía en su estómago algo que no había sentido antes. Levantó la cabeza que se
encontraba sobre el hombro de ella y la miró a sus ojos. Entonces, fue
acercando su cara a la de Jeyne hasta que sus bocas se juntaron. Sintió una
descarga por todo su cuerpo y separó su boca de la de ella. Estaba sonrojado
como una doncella cuando su caballero le halaga el oído.
La miró a los ojos y vio la misma pasión que tenían los
suyos. Puso sus manos en la cara de ella y la besó con pasión. Empezó a
mordisquearle el labio inferior, con fuerza por el deseo que le recorría la
sangre. Sacó su lengua y rozó los labios de ella para abrir su boca, cosa que
le había explicado Theon que les encantaba a las mujeres. Oyó un gemido, ¿había
sido ella?, ¿había sido él?, pero al instante ella abrió su boca y Robb metió
su lengua. Sabía a fresas y otras esencias y empezó a jugar con su lengua. Se
estiró encima de la cama y la llevó a ella encima de él. Se giraron y Robb se
puso encima de ella, empezando a tocarle su cuerpo. Una de las manos la puso al
final de su espalda y la otra estaba en su cuello. Poco a poco, fue bajando esa
mano lentamente, hasta posarla en uno de sus pechos y comenzó a acariciárselo
suavemente. Notó que el pezón estaba duro. Ella empezó a morder su labio y a
jugar con su lengua gimiendo, le acarició con una mano su cara y con la otra
acariciaba su cabello. Esa mano fue bajando por su pecho, su abdomen hasta que
llegó a sus calzones y empezó a desatárselos. Estaba duro; ella separó los
labios de él y susurrándole, le dijo, con una voz que parecía un gemido:
- - Majestad,
por favor…
Entonces Robb volvió a besarla con
más fuerza y empezó a desatarle el corpiño.
- - Esta
es mi primera vez, mi señora.
- - Vos
también sois el primero.
- - Juró
que no os haré ningún daño, jamás.
Ella gimió y agarró con fuerza su
polla. Robb estaba excitado de ser el primero y al notar como le agarraba el miembro, la besó más
fuerte. Su mano se metió bajo el vestido de ella y fue subiendo por su pierna,
llegando a su coño, que estaba húmedo.
Eso le hizo gemir de gozo y entonces Robb…
El Rey en el Norte notó como todo se
aclaraba y no veía las cosas tan oscuras. Abrió los ojos y vio que entraba luz
en el cuarto. Estaba desnudo y tenía a su lado a Jeyne. <<¿Qué he hecho?>>, <<La he deshonrado>>,
<<¿Esto fue lo que sintió mi padre cuando se acostó con la madre de
Jon?>> <<¿Qué debo hacer?>>; estaba pensando en ello
cuando ella se movió y abrió los
ojos.
- - Lo
siento mucho, majestad – dijo ella sentándose en la cama y tapándose con la
sabana hasta el cuello. Estaba colorada como la doncella que había sido.
- - No
debes disculparte. Yo tengo toda la culpa, te he deshonrado y eso es lo peor
que le puede pasar a una mujer. He hecho lo mismo que hizo mi padre con la
madre de mi hermano Jon – dijo culpable,
pero de repente pensó en algo muy importante -. ¿Y si te he dejado embarazada?
El niño sería un bastardo y no llevaría mi apellido.
Robb empezó a pensar, no sabía que
podía hacer << ¿Qué hubiera hecho
mi padre?>>, <<Llevar a su hijo bastardo a Invernalia para que se
criará con los hijos de tu esposa>>. Y decidió tomar la decisión más
honesta y la que él creía que era la mejor.
- - Nos
casaremos, te he deshonrado y podrías estar embarazada. No quiero tener
bastardos, quiero que mis hijos lleven mi apellido. Debo subsanar lo que he
hecho.
- - Pero
majestad, si yo no digo lo que ha pasado esta noche, nadie lo sabrá, y podréis
volver a Aguasdulces sin ningún problema. Si estuviera embarazada, no diría que
el hijo es vuestro, diría que es de otro o le diría a mi madre que me diese el
té de luna. No quiero ser una carga para vos.
- - No
habléis de té de la luna. Cumpliré con vos como
hombre y como rey. No puedo dejar que os traten como a una puta, no lo
merecéis. Tú y el futuro niño merecéis lo mejor. Nos casaremos está tarde,
¿tenéis árbol corazón en el castillo?
- - No,
pero hay un roble muy antiguo. Pero, ¿vos no estabais prometido a una Frey?
- - Sí,
pero el deber está por encima de ello. Mi padre siempre decía que el deber y el
honor eran lo primero si querías que tus vasallos y tu pueblo te respetarán,
aunque él también falló. Si quiero ser un buen rey de mi pueblo, primero debo
ser un buen hombre y cumplir contigo – se levantó de la cama y empezó a
vestirse -. Sólo te pido, que seas tú la que le explique a tu familia que está
tarde contraeremos matrimonio. Yo debo decírselo a mis caballeros. Perdonadme,
tengo que irme, si vuestra familia tiene algún problema o quieren explicaciones
o aclaraciones, avisadme y hablaré con ellos. Ah, por favor, llamadme Robb.
- - Sí,
alteza
- - Sí,
Robb.
Se acabó de vestir y se dirigió a la
puerta, la abrió y allí vio a Viento Gris, que se levantó. Le acarició detrás
de las orejas y cerró la puerta. Unos metros más lejos, se encontraba su
escudero, Olyvar, que estaba sentado. Se dirigió hacia él y este se levantó.
- - Alteza,
¿estáis mejor? Siento mucho lo de vuestros hermanos…
- - Tranquilo, Olyvar. Estoy mejor. Gracias. Necesito que
vayas a buscar al Gran Jon, a tu tío Walder y al Pequeño Jon y les digas que
quiero verlos en el salón principal. Tengo un asunto muy importante que tratar
con ellos.
- - Sí,
alteza. Ahora mismo voy a buscarlos.
Olyvar se fue a buscar a los hombres
y Robb bajó los escalones para dirigirse al Salón Principal. Abajo había dos
soldados a los que saludó y les preguntó dónde se encontraba el Salón. Se
dirigió por la dirección que le dijeron sus hombres y llegó a él. Entró y se
sentó en el asiento que presidia la mesa. Miró a su lobo y lo acarició.
- - ¿Cómo
voy a explicarles lo que ha sucedido? ¿Y si me abandonan? Los Frey no lo
aceptarán jamás y se sentirán insultados.
Tocaron a la puerta.
- - Adelante.
Se abrió la puerta y entró Olyvar
anunciando que venía con los hombres que había hecho llamar. Robb les dijo que
entrarán y los tres hombres y el joven escudero entraron dentro.
- - ¿Qué
sucede majestad? – preguntó el Gran Jon.
- - Os
he reunido aquí, para informaros que está tarde contraeré matrimonio con Jeyne
Westerling.
- - ¡¿Qué?!
– exclamó Walder el Negro con sorpresa y estupor -. ¡Vos estáis prometido con
una de mis sobrinas!
- - Lo
sé, pero está noche, he mancillado a Jeyne y podría estar esperando un hijo
mío. Debo cumplir.
- - ¡Y
qué! Los reyes tienen bastardos y no los reconocen. El rey Robert tenía más de
diez, los Targaryen también tenían, yo soy un bastardo, incluso, vuestro padre
tuvo un bastardo y lo llevó a Invernalia.
- - ¡Basta!
Sí, mi padre tuvo un bastardo, pero jamás le dio su apellido y yo no soy mi
padre. Cumpliré con Jeyne como hombre y como rey.
- - ¿Cómo
hombre y cómo rey? – dijo el Negro con sorna -. ¡Un rey debe cumplir con su
palabra! Le disteis vuestra palabra a mi padre de que os casaríais con una de
sus nietas, a cambio de pasar por Los Gemelos. ¿O fue un truco?
- - Sé
perfectamente lo que prometí. Pero también sé que para ser un buen rey debo ser
un buen hombre y…
- - ¡Maldito
niño norteño! ¡Quieres ser rey y sólo eres un niño pequeño! ¡Debimos dejar que
os destruyeran los leones! – grita Walder y Viento Gris se levanta y enseña sus
dientes. Robb lo tocó y le habló en el oído para calmarlo. El lobo volvió a
tumbarse.
- - Walder,
tranquilo. Su majestad tiene razón. Él no quiere ser como los otros reyes y
quiere cumplir con sus deberes, desde el principio – dijo Gran Jon intentando calmarlo.
- - ¡No!
¡El mocoso nos ha traicionado y no merece ser llamado rey! ¡No pienso luchar
por este crío! Nos vamos yo y todos mis hombres.
- - ¡Pero
es nuestro rey! – bramó el Gran Umber.
- - Gran
Jon, dejadle. Tiene sus razones. Lord Walder, os pido disculpas a vos, a
vuestro padre y a vuestra familia, pero debe de haber alguna forma de que
podáis seguir con nosotros – intentó Robb calmar la situación.
- - No
la hay, chico. Mi padre tiene gran memoria y no lo pasará por alto. – dijo
Walder y se dirigió a Olyvar -. Olyvar, nos vamos.
- - Pero…
yo… soy el escudero del rey – dijo el joven Frey totalmente conmocionado.
- - ¡Tú
harás lo que yo te diga! Para eso soy tú tío y este crío, no es tú rey, sólo un
estúpido lobo que se cree un rey, pero de esos hay muchos. Además ha
traicionado a la familia, y quién traiciona a los Frey…
Se dio la vuelta y se acercó
a la puerta, seguido de Olyvar arrastrando los pies mirando hacia atrás.
Entonces Walder el Negro, sin darse la vuelta, dijo:
- - Niño
Stark, mi padre no dejará esto así.
Y salieron.
- - Majestad,
no le hagáis caso. Siempre hay algo que se le puede dar a un Frey para que esté
de tu lado –dijo Pequeño Jon.
- - Sí,
eso espero.
- - ¿Así
que os casáis? – sonrió Gran Jon, rascándose la barriga.
- - Sí.
- - ¡Hay
que celebrarlo con una gran fiesta, con manjares y buen vino! Y si necesitas
ayuda en algo…, aunque creo que ya sabéis lo que hay que hacer – dijo con
socarronería.
- - Sí,
Gran Jon – sonrió el Joven Lobo -. Hay que prepararlo todo para esta tarde.
- - Esta
hecho, majestad.
Los dos hombres Umber le hicieron una
reverencia y se marcharon para prepararlo todo.
Robb se sentó en el sillón y Viento Gris puso su cabeza en
sus rodillas y lo miró con sus grandes ojos de huargo. Lo empezó a acariciar;
cuando lo hacía se relajaba. Estuvo así durante un rato, oyendo los cascos de
los Frey, como tiraban los estandartes y los pisoteaban mascullando
maldiciones. Se levantó fue a reconocer el castillo. Después fueron a buscarle
para preguntarle si deseaba algo de comer. Él dijo que no, tenía el estómago cerrado
a causa del gran problema que tenía con la Casa Frey y las consecuencias que
podrían acontecer.
Se fue a sus aposentos, esperando el momento en que iba a
casarse. Al cabo de un rato, vinieron dos soldados para avisarle que todo
estaba preparado. Él y Viento Gris, acompañados por los guardias, fueron hacia
el bosque, donde se encontraba el anciano roble. Cuando llegaron allí, ya le
estaban esperando los dos Jon.
- - Alteza,
todo está preparado – dijo el Gran Caballero, Jon Umber.
- - Muy
bien.
- - Aquí
tenemos al Septón Krugyle, para oficiar la unión por los antiguos dioses,
aunque no tengamos un árbol corazón. – dijo Pequeño Jon.
Robb saludó al Septón, un
hombre, bajito, calvo y gordo, con una barba blanca que le llegaba hasta
el pecho. Esté le hizo una reverencia con la cabeza al rey. Al poco, llegó
Jeyne acompañada de su familia. Robb se colocó al lado izquierdo del árbol, con
Viento Gris detrás. La familia Westerling, con Lady Sybell muy alegre aunque
con esa mirada extraña, se pusieron a ambos lados del camino. Jeyne, agarrada
del brazo de su tío, caminó hasta donde estaban Robb y el Septón. Vestía un
vestido largo, de un color dorado suave, con flecos en el bajo de este y un
lazo del mismo color en su cadera izquierda. Llevaba el pelo recogido con una
redecilla dorada en el pelo y una pequeña pinza con forma de espada, de color
rojo. Robb se sonrojó al verla tan hermosa.
Cuando llegaron donde estaba Robb, Lord Rolph le dio a este
la mano de su sobrina. Los dos jóvenes se miraron a los ojos y Robb volvió a
sentir que su corazón iba más rápido. Se giraron hacia el Septón y este empezó
a hablar.
- - Hoy,
ante la vista de los antiguos dioses, estamos aquí para unir a Robb Stark, Rey
en el Norte, del Tridente y Señor de Invernalia, y a Lady Jeyne Westerling,
hija del Señor del Risco.
Krugyle empezó a hablarles del matrimonio, pero Robb no
paraba de mirarla y no escucho nada.
- - Y
ahora para hacer el enlace, majestad, debéis repetir conmigo el juramento:
Yo, Robb, juro ante los dioses
antiguos, a ti Jeyne,
cuidarte, protegerte, respetarte
y jamás fallarte, ni a ti ni a ellos.
Juro por el arciano que todo lo ve y
a los antiguos
que nadie te lastimará y que siempre
estarás protegida por mí y mis
dioses,
los de mi padre y del padre de mi
padre
y que si os falló a vos, les fallaría
a ellos,
pagando por ellos con mi sangre.
Robb repitió cada frase mirando fijamente a Jeyne, estaba muy
nervioso y con un sentimiento que no había sentido ¿Eso era amor?
El Septón Krugyle se dirigió a Jeyne.
- - Ahora
vos debéis repetir conmigo:
Yo, Jeyne, juró ante los dioses
antiguos, a ti Robb,
cuidarte, respetarte, seguirte a
donde quiera
que vayas y no fallarte ni a ti ni a
los antiguos dioses.
Juro que estaré contigo hasta el fin
de mis días
y que cuidaré de nuestra casa e hijos
y, que si os falló, reciba el castigo
que los antiguos dioses marquen.
Jeyne repitió cada frase, mirando a Robb con una tímida
sonrisa en sus labios y colorada como una niña cuando habla de los caballeros
de las historias.
- - Lo
que han unido los antiguos dioses, no sea jamás separado por los hombres y los
pálidos de rostro – acabó de decir el Septón.
Robb mira a Jeyne, su ya esposa y acerca sus labios a los de
ella, y en el momento en el que se tocan, sabe que ella será su mujer hasta el fin
de sus días y oye como todos gritan:
- - ¡El
Rey y la Reina en el Norte! ¡Larga vida a sus majestades!
E En ese mismo instante, empezaron a moverse las hojas del árbol y levantaban la arenilla que había en el bosque y que hacían con el sol del anochecer como unos colores rojizos...
FIN ( O NO)
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