Este fic trata el principio de la caída de Robb Stark como Rey en el Norte (es la manera más light que me sale de decirlo, la otra es peor). La historia en la que se conocieron Rob y Jeyne y que acabó con la cabeza de Viento Gris ya sabéis dónde (y que HBO plasmó en el capítulo 10 de la 3ª temporada de Juego de Tronos). Es una historia de amor, batalla, desavenencias y se empieza a vislumbrar lo que pasará. El título entre paréntesis es otra manera de llamarlo y que pega más con lo que pasará en Los Gemelos....
Para acabar: todo personaje pertenece a George R.R.Martin y no me lucro de ninguna manera con ello. Sólo recibo el gusto de escribirlo. (Y sí, a Jeyne la llamo Jeyne) Ah! lo he dividido en 2 capítulos.
EL RISCO, ROBB Y
JEYNE ( VIENTOS ROJOS)
En las inmediaciones del Risco. Campamento de Robb Stark, Rey
en el Norte, en el Tridente y Señor de Invernalia. Dentro de la tienda del
Joven Lobo, este y sus caballeros, están mirando el mapa de Poniente para
atacar y apoderarse del castillo y del Risco, que pertenecía a la familia
Westerling, familia vasalla de Roca Casterly y de los Lannister. Lord Gawen
Westerling estaba encerrado en Varamar, pero aún quedaba el castellano y una
pequeña guarnición.
- - Mis
señores, está noche atacaremos el Risco – empezó a decir Robb, con voz segura-.
Atacaremos desde estos tres puntos.
Aquí, aquí y aquí – señaló en el mapa-. Walder el Negro llevará un grupo de
escalo para la zona oeste de la muralla.
-
Será
un placer, alteza – dijo este.
- - Pequeño
Jon, al mismo tiempo, tu atacarás con otro grupo de escalo por la zona este.
- - Perfecto,
alteza. Está noche cae el Risco y nos merendamos a esos Lannister – dijo el
hijo del Gran Jon en tono jocoso-.
- - Para
finalizar, yo y el Gran Jon atacaremos la puerta con arietes. Recordad, todo
hombre que se rinda, dejadlo con vida y si rinden el castillo, mostrad piedad y
no destruyáis sin sentido.
- - Se
hará lo que el Rey en el Norte ordene – rugió el Gran Jon -. Tengo ganas de
cortar cabezas y de sangrar a esos perros Lannister – dijo con más ahínco y
desenvainó su espada y la levantó al aire -. ¡El Rey en el Norte!
- - ¡El
Rey en el Norte! – le siguieron los demás caballeros.
- - Muy
bien, caballeros. Preparen a los hombres, saldremos en unos momentos.
Le hicieron reverencia y se marcharon los hombres. Entonces
entró Viento Gris, el gran lobo huargo que siempre acompañaba a Robb. Se puso a
su lado y se dejó rascar y acariciar por el Rey.
- - Viento
Gris, está noche quiero que sigas a mi lado para esta batalla – el lobo lo
miraba fijamente -. Es la hora de atacar.
El joven cogió su espada y la envainó. Abrió la lona y salió.
Afuera le esperaba su escudero, Olyvar Frey, con su caballo preparado. Robb
montó en el caballo y fue a unirse con el Gran Job. Walder el Negro y Pequeño
Jon ya habían salido para ponerse en sus posiciones.
- - Es
hora de partir – dijo Robb.
- - Muy
bien – dijo Jon Umber y se giró a los soldados -. ¡Chicos, hora de luchar! –
rugió con voz atronadora.
Empezaron a cabalgar hacia el castillo al galope. Cuando estuvieron a ciento cincuenta pasos del
castillo, Robb levantó el brazo y mandó parar. Se giró a su escudero, y le
dijo:
- - Olyvar,
manda a los dos hombres para hacer las señales a Walder el Negro y Pequeño Jon
para que ataquen.
El pequeño Frey fue a avisar a los hombres y estos poniéndose
en lados contrarios, hicieron la señal con el fuego. Esperaron un momento, y en
el momento en el que se oyeron las trompetas de batalla de los dos grupos, el
Rey en el Norte gritó:
- - ¡Al
ataque! – empezó a galopar con Viento Gris corriendo a su lado.
- - ¡El
Rey en el Norte! – gritaron los soldados galopando detrás de su rey.
Empezaron a galopar hacia el castillo. Oían como los dos
grupos de escalo empezaban a atacar. Pararon a cincuenta pasos y sacaron el
ariete. Desde lo alto de la muralla, la guarnición de los Westerling empezó a
sacar arcos y disparar flechas.
Los arqueros del Rey
Lobo empezaron a disparar flechas a lo alto de la muralla. Los soldados
llegaron con el ariete y empezaron a golpear las puertas del Castillo. De
repente, una flecha voló directa, desde no se sabe qué dirección a gran
velocidad y con gran precisión fue al brazo de Robb Stark. Este no vio la
flecha, hasta que no la tuvo clavada en su brazo. Hizo gesto de dolor, pero se
mantuvo en su sitio, él era el Rey y no podía abandonar a sus hombres. En ese
momento, cedieron las puertas y empezaron a entrar norteños con las espadas
desenvainadas para atacar.
Empezaron los primeros combates entre los hombres de ambos
bandos. Entraron Robb y los hombres a caballo. Las tropas norteñas eran
mayoría, por cada enemigo había tres norteños. En esa situación, mientras Viento
Gris intentaba evitar y atacar a dos soldados, un hombre fue a por el Joven
Lobo gritando y agitando su espada. Intentó lanzarle una estocada a Robb, pero
este la repelió y lo descolocó y el Rey lanzó una rápida estocada hacia el
estómago, la cual entró a través de la malla, saliendo sangre de su boca y de
la herida, puso los ojos en blanco y acabó de caer muerto.
Los norteños estaban haciendo una matanza y uno de los
hombres, el cual, subido en su caballo,
tiró su espada y gritó:
- - ¡Nos
rendimos! ¡Nos rendimos! Parad de luchar, tirad las armas – dijo dirigiéndose a
sus hombres y a los norteños.
Los soldados Westerling pararon de luchar, lanzaron sus armas
y se rindieron.
El Rey del Tridente mandó parar a sus soldados. Aparecieron
Walder el Negro y Pequeño Jon, anunciando que habían conquistado todo el
castillo y traían prisioneros.
- - Alteza,
hemos matado a todos los hombres, excepto estos, que se han rendido – dijo Pequeño Jon, con
una gran sonrisa en sus labios y señalando a unos hombres muy magullados-.
También tenemos a la familia Westerling en la torre en la que estaban.
- - Muy
buenas noticias nos das, hijo – dijo con alegría el Gran Job.
Seguidamente, Robb se
dirigió al hombre que mandó parar a los soldados del Risco.
- - ¿Vos
sois el castellano?
- - Sí,
señor.
- - Alteza
– le dijo Walder el Negro, antes de asestarle un golpe en el estómago, que hizo
doblarse al castellano.
Cuando este se recuperó, dijo:
- - Sí,
alteza. Soy Rolph Spicer, castellano del Risco al estar ausente mi cuñado, Lord
Gawen Westerling.
- - ¿Por
qué erais tan pocos hombres defendiendo el Risco? – preguntó el Rey.
- - La
mayoría de los hombres fueron con mi cuñado y aquí quedo una pequeña guarnición
para vigilar el castillo, porqué él pensó que jamás atacaríais aquí.
-
Perfecto.
Tendremos que ocupar vuestro salón principal, las caballerizas y algunas de las
habitaciones para descansar.
- - De
acuerdo, alteza.
- - ¿Dónde
se encuentra la familia de Lord Westerling? Quiero darles mis respetos y
asegurarles que no les pasará nada mientras estemos aquí.
- - En
la Torre Norte, alteza – dijo Walder el Negro y añadió -, pero antes deberíais
haceros mirar la herida del brazo por el maestre.
- - No
es grave, puede esperar la herida y el maestre. Primero está el deber y la
cortesía. – dijo el Joven Lobo y dirigiéndose al castellano, dijo -. Llevadme a
la Torre Norte.
- - Sí,
alteza.
Fueron a la Torre Norte, subieron los peldaños y arriba
esperaban dos norteños, los cuáles abrieron la puerta. El primero en entrar fue
Viento Gris y se oyeron gritos de miedo. El Joven Lobo llamó a su huargo y este
vino donde él. Robb entró con sus hombres, además del castellano del Risco.
Dentro había una mujer madura, que debía ser Lady Westerling, que tenía una
mirada muy desconcertante, dos niños pequeños y otros dos de más o menos la
edad de Robb. El Rey mandó a su huargo
tumbarse al lado de la puerta.Entonces Rolph Spicer empezó las presentaciones.
- - Alteza,
está es mi hermana y Señora del Risco,
Lady Sybell Westerling.
- - Un
placer mi señora – dijo el Rey Lobo -, disculpad a mi huargo, le gusta entrar
en las habitaciones, pero no os hará
ningún daño. Os aseguró que no os pasará nada ni a vos ni a vuestros hijos y
vuestro esposo está bien atendido en Varamar.
- - Gracias,
alteza. Es un honor teneros en nuestro castillo – dijo Lady Sybell haciendo una
reverencia y mirándolo con esos ojos que mostraban algo oculto -. Estos son mis
hijos menores Rollam y Elenya – señaló a
los dos pequeños -. Y estos son, mi hijo Raynald, heredero del Risco, y mi hija
Jeyne, aún doncella – los dos jóvenes hacen una reverencia.
- - Encantado
de conocerlos – dijo el Joven Stark.
En ese momento, el Rey Robb empezó a ver borroso y no oía los
comentarios que le hacían. Se tocó la frente y vio que ardía. Le pareció oír a
su huargo. Empezó a ver menos y de repente sólo veía oscuridad.
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