Buenas tardes de miércoles. Hoy os traigo un fic del maestre Aemon cuando se enteró de cierto suceso y como tuvo que luchar contra su sangre y contra si mismo para cumplir con su juramento. Todo personaje pertenece a George R.R. Martin, excepto Silas que es mio y de Dan Brown, y yo no gano nada con ello.
LA TERCERA PRUEBA
Estaba alimentando como cada día a los cuervos del Castillo
Negro, con ayuda de Clydas, el maestre que habían enviado de la Ciudadela para
ayudarlo. Ya habían pasado 85 días del nombre, de los cuales 60 o más, los
había pasado en la Guardia de la Noche.
Por la voz de Clydas supo que era aún joven, ya que no podía
ver desde hace mucho tiempo. Le ayudaba a sacar los mensajes que traían los
cuervos, alimentar a estos, curar a los Hombres de la Guardia de la Noche
cuando estaban heridos por culpa de las avanzadillas de salvajes que querían
cruzar el Muro y le escribía las cartas que le dirigía a Rhaegar.
<<Hubiera sido un
buen rey>>; <<pero la guerra…>> .
Se había estado carteando con el bisnieto de su querido
hermano Aegon, y vio que ese chico era inteligente y que pensaba en más cosas
que en batallas y guerras. Pero un día que fue con Clydas a llevar un mensaje
al Lord Comandante Qorgyle, este le dijo que se quedara. Recordaba ese día
perfectamente.
…………………………..
- - Maestre
Aemon, siéntese un momento.
- - Sí,
Lord Comandante – dijo el anciano y se sentó con ayuda de Clydas.
- - Clydas,
dejadnos a solas – continúo el Lord Comandante. Clydas se marchó -. Maestre
Aemon, ¿le ha leído este mensaje Clydas?
- - No.
Usted dijo que todos los mensajes que llegarán de Desembarco o de todos los
rincones dónde hubiera guerra, se los trajéramos inmediatamente.
- - Bien
– suspiró Lord Qorgyle -.
- - ¿Qué
sucede, Lord Comandante? ¿Ya ha ganado alguien la guerra?
- - No.
Es un informe de la Batalla del Tridente. Las tropas de Robert Baratheon han
ganado a las tropas reales comandadas por Rhaegar Targaryen y…
- - ¿Está
Rhaegar prisionero? – preguntó el maestre nervioso y con un peso en su pecho
- - No.
Robert Baratheon ha matado a Rhaegar Targaryen. Lo siento mucho, maestre. Sé
que os carteabais con él.
<<La única
esperanza de este Reino acaba de morir>>; <<el bisnieto de
Aegon>>; <<Aerys debe hacer algo y defender a su familia>>;
<<también es la tuya – le dijo su conciencia>>; <<ya no. Hice un juramento>>.
- - Ahora
mi familia es la Guardia de la Noche – respondió triste.
- - Lo
sé. Hicisteis el juramento, pero creí necesario que lo supierais.
- - Gracias,
Lord Comandante. ¿Podéis llevarme dónde los cuervos?
……………………………………………..
Cogió un trozo de carne cruda y lo lanzó dentro de la jaula.
Se empezaron a oír los graznidos de los cuervos luchando por el trozo.
- - Tranquilos,
hay comida para todos.
Oía como Clydas cortaba la carne en trozos para que los
animales pudieran comer mejor.
Tenía mucho cariño hacía los cuervos. Debían volar grandes
trayectos para llevar y traer los mensajes de las diferentes Casas de Poniente
o de los otros dos castillos que estaban habitados, por si los salvajes estaban
preparando alguna escalada del Muro.
Mientras iba alimentándolos oyó un aleteo y un graznido.
Aemon sonrió.
- - Parece
que tenemos un cuervo nuevo.
Puso la carne en un cuenco y luego lo dejo encima de la mesa.
Aunque no viera, en todos estos años, había memorizado dónde estaba cada cosa
de la pajarería, de su cuarto, de los
aposentos del Lord Comandante. Los cuervos volvieron a graznar al ver que no
recibían comida. Aemon fue tocando las jaulas hasta que llego a tocar la pared.
Luego siguió tocando, hasta que notó que no había más pared. Entonces volvió a
graznar el cuervo y el maestre lo cogió en sus manos y empezó a acariciarlo.
- - Tranquilo,
cuervo. Has llegado a tu destino. Vamos a ver si nos traes algo.
Empezó a acariciarlo y con sus dedos fue tocando sus patas
hasta que notó que había un mensaje atado a una de estas. <<Es más grande que los otros mensajes que han llegado>>.
- - Parece
que traes un mensaje – fue desatándole el lazo al cuervo y cogió el mensaje en
su mano, se dio la vuelta y dijo -. Maestre Clydas, ¿de qué color es el cuervo?
- - Negro,
maestre Aemon.
- - Alas
negras, palabras negras. Pero es mejor que un cuervo blanco de la Ciudadela
anunciándonos el invierno – dijo, pero sin seguridad, << tengo un mal presentimiento>>; <<este cuervo trae
realmente noticias muy negras>>;<<le habrá pasado algo a
ellos>>-.
El maestre se acercó a las jaulas, y en una vacía puso al
cuervo recién llegado. Luego cogió unos trozos de carne y se los lanzó dentro.
- - Come,
tú camino ha debido ser muy largo y puede que tengas que volar de nuevo.
Descansa, pronto volverás a volar libre.
El mensaje que tenía en sus manos le hacía sentir algo. <<¿Por qué estoy así? ¿Serán noticias
de la guerra?>>; <<¿seguirá el nieto de mi hermano en el
trono?>>; <<tú familia ahora es la Guardia de la Noche - le dijo su conciencia>>.
- - Clydas,
deja de cortar la carne. Acompáñame a llevarle el mensaje al Lord Comandante,
debe ser de la guerra y querrá leerlo con urgencia.
Clydas se acercó a él y al notarlo, Aemon se agarró a su
brazo. Aemon sabía bajar sin ayuda las escaleras de la pajarería; pero desde
que había comenzado la guerra y con la incertidumbre de lo que le pasaría a los
Targaryen, no iba tan seguro y prefería que su ayudante lo ayudara a bajar.
Salieron de la pajarería y bajaron lentamente las escaleras,
con el maestre Targaryen. Mientras pasaban por el patio del Castillo Negro, se
encontraron de frente con Brynden Rios, uno de los hombres que acompañó a Aemon
Targaryen al Muro desde Desembarco del Rey.
- - Buenos
días maestre Aemon, ¿ha llegado algún cuervo con información de la guerra? –
preguntó Brynden -.
- - No
lo sé. El Lord Comandante quiere ser el primero en leer todo mensaje que los
cuervos traen – respondió el maestre intentando mostrar tranquilidad-. Puede
que sean buenas noticias – dijo esto sin creerlo realmente -.
- - Sí.
Esperemos que haya acabado la guerra. No os interrumpo más maestres – dijo Rios
y se marchó-.
Volvieron a caminar los dos maestres hasta la Torreón del
Comandante. Entraron y se encontraron con Silas, el mayordomo de Lord Qorgyle.
- -Silas,
¿se encuentra el Lord Comandante en sus aposentos? – pregunto el maestre Aemon
sonriendo -.
- - Sí,
señor.
- - Preguntadle
si podemos subir. Acaba de llegar un cuervo con un mensaje y el Lord Comandante
ha pedido que se le informará inmediatamente de la llegada de cuervos.
- - Iré
a preguntarle, maestre Aemon y maestre Clydas. Esperen un momento – sonrió el
mayordomo y subió las escaleras del Torreón con rapidez pero sin correr-.
Los hombres esperaron unos momentos, hasta que Silas volvió a
bajar.
- - Maestres,
el Lord Comandante les pide que suban a sus aposentos para poder ver el
mensaje.
- - Gracias,
Silas – asintió Aemon Targaryen -.
-
¿Necesitáis
que os ayude a subir, maestre Aemon?
-
No
hace falta Silas. Con la ayuda de Clydas ya puedo. Gracias.
Aemon Targaryen y su ayudante empezaron a subir los escalones
empinados del Torreón. El maestre subía poco a poco, <<los años empiezan a sentirse realmente en mis rodillas>>;
<<pero el mensaje es más importante que mis dolores>>. Acabaron
de subir los escalones y vieron al Lord Comandante Qorgyle sentado en una silla
y apoyándose en una mesa para levantarse.
- - Maestre
Aemon, maestre Clydas – les hace un saludo con la cabeza -. Por favor,
siéntense conmigo en la mesa. Silas me ha dicho que ha llegado un cuervo – con
la mano les hace el gesto para que se sienten enfrente de él -. ¿Desean tomar
algo?
- - No,
gracias – respondió el maestre mayor.
Clydas ayudó al maestre Aemon a sentarse y luego se sienta él
mismo.
- - Lord
Comandante Qorgyle, acaba de llegar este mensaje. Parece muy importante y lleno
de información – empezó diciendo Aemon -.
- - ¿Por
qué lo decís, maestre?
- - El
papel es grande y notó que se ha enrollado muchas veces – sonrió el maestre y
le dio el mensaje -.
- - Sí,
tenéis razón, maestre – tocó el papel y miró el sello que lo cerraba -. ¿Qué
extraño?
- - ¿Qué
sucede Lord Comandante? – preguntó Aemon empezando a preocuparse por el tono de
la pregunta de Lord Qorgyle -.
- - El
mensaje procede de Dorne. El sello es un sol con una lanza
- - ¿Dorne?
– frunció el ceño el antiguo maestre -. Puede que quieran que luchemos con
ellos contra las fuerzas de Robert Baratheon. O puede que nos hablen sobre lo
que sucede en Desembarco. La esposa de Rhaegar es una Martell - <<tengo un mal presentimiento>>;
<<¿por qué mandan los Martell un cuervo?>> -.
- - Será
mejor que lo abramos y sepamos que pone en él – dijo el Lord Comandante y
rompió el sello y desenrolló el papel.
Empezó a leer el mensaje y Aemon Targaryen notó que la
respiración Lord Comandante se le iba agitando y estaba muy callado. <<Algo malo ha sucedido>>.
Clydas vio que se le iba el color de la cara y que se iba poniendo cada vez más
inquieto.
- - ¿Qué
sucede, Lord Comandante? – preguntó el maestre Clydas –
- - Ha
acabado la guerra – dijo el Lord Comandante -.
- - Eso
es una buena noticia – replicó Aemon -. Sin guerra, Poniente volverá a vivir en
paz, enterrará a sus muertos y se preparará para un futuro invierno.
Se hizo el silencio.
- - ¿Qué
sucede Lord Comandante? – preguntó el maestre Clydas -.
- - ¿Quién
ha ganado la guerra? – preguntó el Targaryen imaginando lo peor -.
- - Robert
Baratheon ha ganado la guerra – soltó el Lord Comandante -. El rey Aerys II ha
muerto.
<<No>>;
<<no puede ser>>; <<el nieto de mi hermano>>.
- - ¿Cómo
murió? – preguntó con voz temblorosa.
- - Lo
traicionó Jaime Lannister, su Guardia Real – respondió el Lord.
- - ¿Y
la Reina Rhaella? Rhaegar me escribió diciendo que su madre estaba en estado.
¿Y el príncipe Viserys?
- - El
antiguo Rey, los sacó de Desembarco con una pequeña guarnición y los mandó a
Rocadragón, pero el mensaje dice que las tropas de Robert han salido para
conquistar la isla – continúo Lord Qorgyle -.
- - Entiendo
– respondió agachando la cabeza el maestre pero recordó algo -. ¿Y la esposa de
Rhaegar y sus hijos? Ella es hermana de Doran Martell
- - La
princesa Elia y sus hijos también han muerto. El mensaje dice que…
- - ¿Qué
dice? – preguntó Aemon nervioso, <<¿qué
les han hecho?>> -.
- - Dice
que Tywin Lannister traicionó al rey y arrasó con Desembarco del Rey. Y que
luego le llevó a Robert Baratheon los cadáveres de Elia Martell y sus hijos. Al
niño le reventaron la cabeza. A la niña la mataron a puñaladas y a Elia primero
la violaron y luego la mataron a golpes.
- - ¡No!
– gritó el maestre Aemon y los otros dos hombres se quedaron muy sorprendidos
al verlo así -.
<<Han matado a
los niños, y a Aerys, Rhaegar, Elia; y Rhaella y Viserys están a punto>>;
<<tengo que ir a luchar>>; <<pero soy viejo y ciego y nadie
se pondría de mi lado>>.
- - Es
lo que pone, maestre. No creo que los Martell nos mientan – dijo el Lord
Comandante y miró al joven maestre -. Maestre Clydas, podéis dejarnos solos. Yo
llevaré luego al maestre Aemon a donde quiera.
- - Sí,
Lord Comandante – entonces puso una mano en el hombro de Aemon -. Lo siento
mucho, maestre Aemon.
- - Gracias,
Clydas – tocó su mano e intentó sonreír el anciano.
Clydas salió. <<
¿Por qué lo habéis permitido, dioses?>>; <<mi familia ha sido
exterminada y yo no puedo hacer nada>>; <<pronto seré el último
Targaryen>>; <<si no fuera viejo y ciego y no tuviera que mantener
mis votos, lucharía por ellos>>; <<tú sólo no podrás hacer nada
contra ellos – respondió su conciencia>>.
- - Maestre
Aemon, lo siento mucho – dijo el Lord Comandante -. He querido hablar con vos a
solas, para saber que vais a hacer. Los Martell piden la ayuda de La Guardia de
La Noche para atacar a Robert Baratheon, quieren venganza. Les voy a responder
que La Guardia de la Noche no entra en conflicto con ningún rey, pretendiente,
aliado, pero si vos…
- - ¿Yo?
Lord Qorgyle hice un juramento el día que me nombraron maestre en la Ciudadela
de Antigua y no se puede saltar. Además estoy al servicio de la Guardia de la
Noche y si me fuera a luchar podría considerárseme un traidor.
- - Vos
no habéis hecho el juramento, no sé os perseguiría, pero la Guardia no os
apoyaría ni ayudaría si salís del Castillo Negro para luchar contra el nuevo
rey. Pero quiero que os penséis que queréis hacer.
- - No
hay nada que pensar, Lord Qorgyle. Soy viejo, ciego y débil; y aunque tuviera a
Dorne de mi parte, tendría al resto de Poniente en mi contra. Cuando hice el
juramento de maestre y me pusieron el collar, tuve que abandonar mi apellido
para ser sólo el maestre Aemon – se tocó el collar mientras decía esto -.
- - Pensadlo,
maestre Aemon, pero quedaros y no hacer nada contra ellos es lo mejor. Ahora os
llevaré a vuestros aposentos y quiero que descanséis, no hagáis más cosas por
hoy. Clydas se ocupará.
El maestre asintió con un gran picor en sus ojos. <<No puedo llorar>>; <<un
Targaryen no llora>>; <<ya no eres un Targaryen, dejaste de serlo
cuando te dieron el collar>>.
Notó como el Lord Comandante Qorgyle ponía su mano en el
hombro y lo ayudó a levantarse de la silla. Bajaron con cuidado los altos
peldaños en silencio. <<Padre,
Daeron, Aerion, Aegon, Aerys, Rhaegar, Viserys, Elia, los niños que sólo eran
bebés. No me queda nadie>>.
De repente sintió que le pegaba el aire. Habían salido del
Torreón del Lord Comandante y oía el ruido de las espadas, la forja, los
graznidos de los cuervos y el olor de la cena que se estaba haciendo.
Anduvieron unos metros, entonces Lord Qorgyle le preguntó:
- - Maestre,
¿dónde tenéis vuestras llaves?.
- - Aquí
– respondió metiendo su mano en su capa y sacó una llave -. Es está.
El Lord Comandante abrió la puerta y le preguntó al maestre
dónde quería que lo dejara. Aemon respondió que lo pusiera en la cama y este lo
puso allí y le dio la llave.
- - Descansad
el tiempo que os haga falta.
El maestre asintió. Oyó como se cerraba la puerta y se estiró
sobre su cama y cerró los ojos, <<como
si viera algo cuando los tengo abiertos>>. Intentó relajarse y empezó
a ver el día que llegó al Muro, hace tantos años, con Ser Duncan el Alto y
Brynden Ríos. Era invierno y se sorprendió al ver tal Muro. Pensó en ese
momento, que le hubiera gustado ver como lo construían. Entró y en el patio le
esperaba el Lord Comandante de aquella época y que le hizo una reverencia. Él
se río y le dijo que ahora era un simple maestre y con que le llamará Aemon era
suficiente.
Al anochecer comió cordero con cebollas y otras grandes
comidas y luego los soldados noveles hacían el juramento como Guardias de la
Noche en el patio. Era una noche clara, había dejado de nevar y las estrellas
se veían con toda claridad. Se quedó mirando como los hombres que hoy se
convertían en Guardias hacían su juramento al unísono.
<<Escuchad mis
palabras, sed testigos de mi juramento ... La noche se avecina, ahora empieza
mi guardia. No terminará hasta el día de mi muerte. No tomaré esposa, no
poseeré tierras, no engendraré hijos. No llevaré corona, no alcanzaré la
gloria. Viviré y moriré en mi puesto. Soy la espada en la oscuridad. Soy el
vigilante del Muro. Soy el fuego que arde contra el frío, la luz que trae el
amanecer, el cuerno que despierta a los durmientes, el escudo que defiende los
reinos de los hombres. Entrego mi vida y mi honor a la Guardia de la Noche,
durante esta noche y todas las que estén por venir>>.
En ese momento, se dio
cuenta de que acababa de oír la música y el juramento más bello que había oído
jamás. Sintió que había llegado a su hogar y que serviría con gusto en La
Guardia de la Noche y a Poniente. Cerró los ojos y sonrió.
Volvió a abrir los ojos en el presente. <<Debo servir a la Guardia de la Noche como he hecho desde ese
maravilloso día en que llegue>>. Entonces volvió a notar que se le
cerraban los ojos.
Ahora se encontraba delante de la Fortaleza Roja y allí
estaba su abuelo, el rey Daeron II, el
que le había puesto el nombre de su padre o su tío, dándole la mano y
aconsejándolo para su viaje a Antigua. <<Es
el día que marche hacia la Ciudadela>>.
Después su padre, Maekar, se acercó a él y le dio unos toques
en el hombro y también le dio consejos para el viaje y la vida allí. Luego su
madre le dio un abrazo y un beso acariciando su cabeza e intentando no llorar.
Sus hermanas también le dieron abrazos y besos. Su hermano Daeron le dio la
mano y le sonrió. Notó que olía a vino. Su hermano Aerion, no estaba, pensó que
seguramente estuviera en sus aposentos o preparando alguna cosa para enfadar a
padre. Al final, Aegon, su hermano pequeño, con el que había crecido y jugado
desde siempre, se acercó a él y le tendió la mano. Aemon cogió su mano y entonces
Aegon se tiró sobre él dándole un abrazo.
- - No
te vayas Aemon – dijo con los ojos a punto de llorar.
- - Debo
irme, Aegon. En la Ciudadela aprenderé muchas cosas y cuando gane el collar
seguro que vuelvo aquí para ser el maestre del abuelo Daeron o del tío Baelor.
- - Pero
puede que yo no esté aquí cuando vuelvas. Tú te portas muy bien y eres el único
que juega conmigo.
- - Tranquilo,
Aegon – le acarició el pelo plateado -. Nos volveremos a ver y si no te
encuentras aquí cuando vuelva, iré dónde estés. Sonríe y espera el día en que
nos volvamos a ver – miró a su hermano con una gran sonrisa -.
- - De
acuerdo, Aemon. Algún día serás mi maestre y el de mis hijos – sonrió su
hermano pequeño -.
<<Pero no he
podido defender a tu nieto>>.
Subió al caballo que lo llevaría al puerto y allí cogería la
Aegon El Conquistador para viajar hasta Antigua. Intentó no mirar atrás. Su
padre pensaría que era débil y no quería eso.
Volvió a abrir los ojos de nuevo. <<Nos volvimos a ver hermano>>; <<y fui el maestre de
padre>>; <<incluso pude haber sido el rey, pero mis votos eran
primero y no hubiera sido buen rey>>; <<te convertiste en rey, te
casaste, tuviste hijos>>; <<yo me fui, jamás me casé ni tuve hijos
y no volvimos a vernos, a pesar de las cartas>>; <<moriste y no
pude ir a despedirme de ti>>; <<y he dejado que tú nieto, su hijo y
sus nietos murieran cruelmente sin luchar por defenderlos>>;
<<ahora soy viejo, ciego y débil, ¿cómo podía defenderlos?>>;
<< en Antigua me dijeron que los dioses ponían a prueba los votos una vez
en la vida, pero está ya es la tercera prueba>>; <<la tercera prueba>>. Iba
pensando en todo ello cuando notó un líquido salado en sus labios. Se tocó el
rostro y vio que estaba llorando. <<Perdóname Aegon>>.
Entonces oyó que tocaban a la puerta y está se abría.
- - Maestre
Aemon, soy Clydas. El Lord Comandante pregunta si deseáis comer en el comedor o
que se os traiga la comida.
- - Iré
a comer al comedor. Deseo hablar algo con el Lord Comandante – dijo secándose
las lágrimas y levantándose -. Clydas, ayúdame a levantarme.
El maestre Clydas lo llevó al comedor, hacia la mesa del Lord
Comandante. Este ya estaba allí.
- - Maestre
Aemon, no hacía falta que hoy vinierais a cenar al comedor. Podían haberos
traído la comida a vuestro cuarto.
- - Sí,
pero deseaba hablar con vos – y dirigiéndose a Clydas: - Clydas ¿podrías
traerme los documentos del Castillo negro?
- - Sí,
maestre – y se marchó -.
- - Lord
Comandante, he pensado en lo que me dijisteis y he decidido hacer lo que os
había dicho. Si incumpliera mis votos iría contra todo en lo que creo y
fallaría a mi hermano Aegon que me encargó cuidar y ayudar a La Guardia de la
Noche y proteger Poniente de los salvajes. Soy viejo, ciego y débil. Casi no
recuerdo como coger una espada. No puedo hacer nada por ellos y ellos no
querrían que hiciera algo que me costará la vida. Además, cuando hice el
juramento de maestre, dejé el nombre de mi Casa
y el pasado atrás. Los dioses me vuelven a poner a prueba y está es la
decisión más difícil que tomo. Ahora me debo a la Guardia de la Noche y está es
mi familia. Yo sólo soy el maestre Aemon.
FIN
No hay comentarios:
Publicar un comentario