jueves, 15 de agosto de 2013

LA MANO DEL DRAGÓN - Capítulo 3: Sangre y Fuego

CAPÍTULO 3

Desembarco del Rey. Poco a poco, un hombre, con una capa negra puesta de forma que nadie pueda reconocerlo, bajaba unas escaleras oscuras, sólo con la luz de su antorcha. El pasadizo era oscuro, cómo el sitio a dónde iba. <<¿Dónde debe estar?>>; <<estos pasadizos son todos iguales>>; <<esperemos que tengan lo que quiero>>. Había encontrado los pasadizos gracias a ciertos documentos que aparecieron de forma extraña en su dormitorio.
Siguió bajando escalones y caminó unos metros cuando se encontró con una puerta de madera. Abrió la puerta y entró a un lugar oscuro, con polvo y muchos frascos que parecían de color verdoso. Allí había un hombre pequeño, de pelo blanco y joroba. Lo miraba con curiosidad.
-                     - ¿Vos sois el piromante Hallyne? – preguntó el encapuchado.
-                   -  Sí. Y vos sois… - Hallyne lo miró sorprendido y cuando iba a decir su nombre, el otro hombre levantó la mano para hacerlo callar.
-                     -  No, no digáis mi nombre. Necesito que me deis algo – dijo el hombre de la capucha.
-                     - ¿Qué necesitáis de un viejo sapiencia como yo? – sonrió el piromante.
-                     -  Necesito un frasco de fuego valyrio.
-                     -  ¿Fuego valiryo?
-                     - Sí, fuego valiryo
El pequeño hombre se acercó a una de las estanterías y cogió uno de los frascos y se lo dio al otro hombre.
-                     -  Tened cuidado al cogerlo. Si le da el sol, si se calienta o hacéis movimientos bruscos con él, explotará y vos con él.
-               - De acuerdo. Tendré cuidado con él – se puso el frasco debajo de su manga izquierda y se giró, pero antes de salir se volvió a Hallyne -. Más tarde os haré llamar y me tendréis que traer otro frasco de fuego valiryo.
-                     - Sí, mi señor – sonrió el hombre mayor mostrando sus dedos podridos.
El hombre encapuchado salió y empezó a caminar para salir del entresijo de pasadizos, cuando de frente se encuentra con un hombre muy gordo, desarrapado, barba grisácea y pelo mojado y sucio. Andaba con cojera. <<¿Qué hace un hombre así aquí?>>; <<no me puede reconocer>>. El hombre del frasco agachó la cabeza y cuando pasó al lado del otro hombre, oyó:
-                     -  Buenos días, majestad, ji, ji, ji,- dijo el hombre gordo riendo.
<<Conozco esa voz>>; <<no puede ser él>>. Se giró y dijo:
-                     -  ¿Lord Varys?
-                     -  Ji, ji, ji. Sí, majestad – hizo una reverencia.
-                     -   ¿Qué hacéis aquí? ¿Y así? – preguntó Viserys sorprendido.
-                   - Bueno, lo mismo podría preguntaros. Pero en verdad ando por aquí para visitar a uno de mis “pajaritos”. Y ando así porque a veces no es bueno que te reconozcan y sepan lo que haces. Es muy divertido aparentar ser quién no eres, ji, ji, ji – dijo divertido -. Aunque vos también vais oculto en esa capa negra. ¿Andáis buscando algo en especial? ¿Puedo ayudaros?
-                -  No…no ando buscando nada en especial - <<dioses, ¿puede saber por qué estoy aquí?>>; <<nadie sabía nada>> -. Sólo quería conocer los pasadizos. Los crearon mi familia – titubeaba intentando no ponerse nervioso y pensando en lo que llevaba oculto en su manga izquierda, <<no puedo hacer movimientos bruscos, sino volaremos y adiós a todo>> -. Bueno… es mejor que me marche. Debo preparar la reunión del Consejo.
-                   -  Cierto, casi no me acordaba, ji, ji, ji. Con tanta guerra, pierdo ciertas “nociones” – lo miró fijamente -. Hasta después, majestad – hizo una reverencia y se fue.
Viserys respiró hondo y empezó a andar, hasta que salió de detrás de una de las paredes de la Biblioteca y se dirigió al Salón Principal donde se celebraban los Consejos del Rey. Allí había un pequeño cofre, en el cual puso el frasco de fuego valiryo, y con mucho cuidado puso este en otra mesa. Se sentó en el asiento destinado al Rey. <<Debo hacerlo bien>>; <<yo he creado el problema, yo debo solucionarlo>>; <<las cosas se están torciendo demasiado>>; <<pero yo soy el legítimo rey de los Siete Reinos>>; <<el dragón no pierde>>; <<tu padre y tu hermano perdieron y murieron- dijo su conciencia>>; <<no eran auténticos dragones>>; <<yo soy el dragón>>; <<y tu hermana Daenerys lo es más con los dragones – volvió a decirle la conciencia>>; <<estoy harto de todo>>.
Mientras iba pensando en ello, fueron apareciendo los miembros que quedaban de su Consejo Real: Ilyrio Mopatis, Varys, Oberyn Martell, Ser Barristan Selmy, Jon Connington y, por último, Joffrey Baratheon, con rostro lleno de furia e ira. <<Hoy voy a tener un jodido día>>; <<no puedo confiar en nadie>>; <<debería matarlos como hacia mi padre>>; <<pero aún los necesito>>. Se levantó de la silla e hizo señal a sus consejeros para que se sentaran.
-           - Señores, estamos en grave peligro. Los traidores nos tienen rodeados. Ilyrio, ¿cómo estamos de suministros y de oro? – preguntó Viserys al comerciante.
-                    - Muy mal. Tenemos suministros para una semana más. Después, habrá que comer ratas y otros animales – señaló Ilyrio.
-                          - Entiendo – suspiró el rey-. Ser Barristan, ¿cómo tenemos las defensas de la ciudad?
-            - Todas están bien. Pero las de la bahía están recién acabados y no sé si aguantaran lo suficiente. Deberíamos poner más pesos y defensas en las puertas – contestó Ser Barristan Selmy -.
-          - De acuerdo, Ser Barristan. Haced lo necesario – dijo serio -. Lord Baratheon, ¿cómo andan las negociaciones con los norteños para el intercambio? – preguntó Viserys, <<Dany aguanta>>. –
-                   - Mal, majestad. Quieren que les devolvamos primero al lobo y que nos rindamos inmediatamente y con un millar de estúpidas condiciones – chasqueó -. ¡Lo que teníamos que hacer es empalarlos!  Con la ayuda de los Tyrell nos superan en número. ¡Dadme a todos los hombres y salvaré todo Desembarco! Arrasaré con todo – fanfarroneó Joffrey.
-                  -  ¡Qué esperabais del cagador de flores! El que decía, “nosotros siempre os seremos fieles”. ¡Já! - dijo Oberyn imitando la voz del Tyrell y sus gestos-. En cuanto ha podido vender a su hija, se ha cambiado de bando.
-                  -  A mí también me ofreció a su hija Margaery. Dicen que es hermosa – volvió a fanfarronear Joff con gesto de superioridad.
<<A ti>>; <<a tu no padre>>; <<a mí>>; <<a Walder Frey si pudiera>>.
-                 - Da igual que se la haya vendido a Robb Stark. Robb Stark es nuestro y morirá antes de la boda - <<y tú vendiste a tu hermana – dijo su conciencia>> -. Lord Baratheon, os necesito aquí en la Fortaleza Roja y no puedo mandar a todos los hombres fuera de aquí – dijo Viserys cada vez más serio y enfadado.
-                - ¡Y cómo queréis que ganemos! – respondió enfadado el joven Baratheon -. Quiero batallar, matar, ganar. Una Mano del Rey aplasta a sus enemigos.
-                     - Una Mano del Rey hace muchas más cosas que aplastar enemigos y ganar batallas. Os necesito aquí y si me pasará algo, vos deberéis ocupar mi lugar - <<no te lo crees ni tú>>; << y serías capaz de destruir mi ciudad para acabar perdiendo>>.
-                     -   Pero yo quiero matar norteños – respondió la Mano desilusionado como un niño pequeño-.
-                    -    Joffrey, matarás norteños, te lo aseguro como tú Rey. Confía en mí.
El joven Lord de Roca Casterly frunció el ceño y lo miró con desconfianza, <<no eres tan idiota crío>>.
-                     -  De acuerdo, majestad. Pero creo que debemos batallar – siguió diciendo Joffrey.
-                     - Yo también lo creo. Por eso he decidido que Lord Connington coja la mitad de la Guardia de la Ciudad y la mitad de la Guardia de la Reina y vaya en la vanguardia en la Puerta del Lodazal.
Todos se quedaron callados.
-                    - Majestad, no podemos quitar la mitad de la Guardia de la Reina. En caso de que los norteños entraran a la Fortaleza Roja, la Reina estaría sin hombres que la protejan – dijo Oberyn sorprendido e inquieto.
-                   -  No pasarán, Lord Oberyn. Y si llegarán a pasar, tendrían que enfrentarse a mi Guardia Real y los siete darían su vida por ella – contestó el Rey como si ya tuviera preparada la respuesta.
-                 - En ellos sí confío que la protejan – dijo arisco Oberyn -. Pero sigo pensando que deberíamos haberla sacado de la ciudad.
-             -  Una reina debe estar siempre con su rey y en la capital de su reino. Debe cumplir hasta el último momento- respondió el joven dragón cada vez más enfadado.
-              - Pues vuestro padre mandó a vuestra madre y a vos a Rocadragón cuando Robert hizo su rebelión y estaba a las puertas de la Fortaleza Roja – respondió el dorniense enfadado.
-                - Mi padre se equivocó y ambos murieron. Entiendo que os preocupéis por ella, es vuestra sobrina, pero también es la Reina y yo la protegeré con mis hombres. Estará a salvo - <<hasta que entren los norteños o los exterminemos de milagro>> dijo sin seguridad Viserys.
-                     - Majestad, si me permitís, os diré que el plan es una locura – empezó a decir Jon Connington -. Con esos pocos hombres no podemos defender la Puerta del Lodazal ni podremos defender el resto. Caeremos como moscas. Sería un…
-                    -  ¿Quién es aquí el Rey? – preguntó el Rey rabioso.
-                      -  Vos, majestad.
-                     -   Pues si yo digo que vos iréis a la Puerta del Lodazal, vos vais. Hay que impedir que entren los norteños - <<y mato dos pájaros de un tiro>> -. Necesitamos que defendáis la ciudad.
-                          - Pero, majestad. Eso es un suicidio. Moriremos todos. Habría que estar loco… – respondió nervioso el Señor del Grifo antes de ser interrumpido por el joven dragón.
-                      - ¿Estáis diciendo que estoy loco? – preguntó siseando en rabia -. ¿Creéis que mandaría a la muerte a uno de mis “mejores” comandantes – mintió el rey.
-          Gracias, majestad. Pero sigo pensando que deberíamos…
-                         - ¡Es una orden, Jon! Las de mi padre y mi hermano las acatabais al instante, aunque al final le fallasteis a ambos. Cumplid la orden o haré que os de por culo todo nuestro ejército y el de los norteños. Pero eso, puede que os gustará – siseaba cada vez más furioso -. ¡Soy el hijo del dragón y no me equivoco!
Connington se levantó de la silla enfadado.
-                  - ¡Es una locura! ¡Ni Aerys podría hacerlo peor! Y vos no sois hijo del dragón, no veo dragones por ningún lado – gritó con ojos desorbitados Jon.
-                         - ¡Callaos u os mataré inmediatamente!¡Soy el único dragón! – gritó furioso Viserys: <<está Dany>>; <<pero puede que la hayan matado>> -. Haréis lo que os diga o vos y vuestra esposa lo pagaréis caro.
-                            -  ¡Dejad a mi esposa! ¡No tiene culpa de nada!
-                  - Sólo es una Stark, norteña y la hermana del traidor, Robb Stark. Por lo tanto, podría tomarla por traidora y juzgarla por ello – dijo Viserys y sonrió -. ¿O aún no habéis tenido tiempo para desflorarla? – lo miró fijamente a los ojos y notó que había acertado -. Así que, “Lord” Connington, moved vuestro trasero e id a la Puerta del Lodazal.
Connington asintió, se dio la vuelta y caminó hacía la puerta, pero antes de salir, se dio la vuelta y dijo:
-                   -  Vos no sois un dragón. Los dragones no arden, y tienen más dragones. Vos no habéis probado las llamas ni tenéis dragones. Otros sí.
Y salió.
-           -  ¡Maldito! ¡Maldito seas! – rugió el rey; <<ese cabrón ha dicho que la única dragón es mi hermana>>; <<si no te matan los norteños, lo haré yo>>; <<si todos piensan como él, son capaces de quitarme mi trono y poner a Dany>>; <<es mi hermana pero yo debo ser su rey>>. Entonces miró al resto de su Consejo -. ¿Vosotros también pensáis que no soy el dragón? – los miró con rabia y algo parecido a la locura.
-                  - Creo que hablando en nombre de todos – empezó Varys con un tono de voz suave -. Os digo que vos sois el único rey de los Siete Reinos y el auténtico dragón. Y nadie merece este trono más que vos, aunque no tengáis tres dragones ni hayáis ardido – rió -. Pero lo importante es que vos tenéis a Robb Stark y los dragones son pequeños, si no fuera esto así, todos moriríamos. Yo creo en vos majestad, y todo el consejo también. ¿Cierto Ilyrio? – se dirigió con una sonrisa a Mopatis.
-                     - Cierto, Lord Varys. Viserys es nuestro rey y él tiene los ases.
Viserys miró a todos y vio que todos asentían y desviaban la cabeza. <<No creen en mí. Pero no tienen narices de traicionarme>>; <<tranquilos, vuestra hora también llegará y yo intervendré en ello>>.
-                 - Bueno, volveremos a reunirnos en una hora en el Salón del Trono. Traed a Robb Stark, será juzgado. Ser Barristan, proteged las defensas con hombres y pesos. Haced lo posible, pero regresad – entonces se dirigió a un criado -. ¡Criado! Haced que venga el piromante Hallyne – se dirigió a su consejo -. Necesito que me traiga algo que necesito.
-            -  Majestad, creo que es un error juzgar a Robb Stark ahora – aconsejó Oberyn Martell -. Entonces los norteños tendrán una buena razón para atacarnos sin piedad. Y matarán a vuestra hermana y los dragones.
-                -  ¿Entonces qué debo hacer? ¿soltarle y darle todo el Reino? ¿darle una palmada en la espalda por haber puesto en guerra a todo Poniente contra su legítimo Rey? ¿decirle que todo queda en paz y que cada uno vuelva a su casa tan feliz? ¿¡Qué narices queréis que haga!? – dijo desesperado Viserys, casi gritando.
-                   -  Debéis matarlos a todos, majestad – dijo Joffrey levantándose de su silla -. Dadme las tropas y os traeré la cabeza de todos los vasallos de Stark – lo miró con ganas.
-                -  Majestad – dijo Lord Varys -.Lord Oberyn dice eso por vuestro bien y el bien de la corona. Pero vos sois el rey legítimo de los Siete Reinos y vos decidís.
-                  -   ¡Silencio! – levantó la voz y la mano el rey para hacerlos callar -. Lord Oberyn, sé que lo decís por mi bien, pero un rey cuando tiene al enemigo fuera de las murallas no puede mostrar piedad y estar quieto. Además un “hombre” me dio un consejo – y miró a Varys -, en la guerra para ganar, a veces había que aceptar ciertas perdidas, aunque sean las que más daño pueden producirte. Debo juzgar a Robb Stark. Ha cometido traición y la traición no puede quedar sin juzgar – y dirigiéndose a Joff -. Lord Baratheon, no puedo sacar más tropas y vos sois mucho más útil aquí, a mi lado - <<y más para lo que quiero hacer por vos>>.
-            - ¿Y al piromante Hallyne para que lo necesitáis? – preguntó la Víbora Roja cada vez más nervioso y desconfiado -. ¿No querréis quemar la ciudad? Es una locura usar fuego valyrio, moriríamos todos.
-            - Tranquilo. No pienso quemar la ciudad ni que nosotros ardamos. Sólo necesito algo de él, y no nos causará ningún daño a nosotros. Ahora necesito estar sólo, volveremos a vernos en una hora en el Salón del Trono y con el reo.
Todos los hombres asintieron y se fueron.
<<Perdóname Dany, pero debo mantener mi trono>>; <<y puede que ya te hayan matado>>; <<y si sigue viva te quitará el trono – le decía su conciencia>>; <<no lo haría, ella me quiere y me considera su Rey>>; <<pero ella es la auténtica hija del dragón, la que no arde y tiene tres dragones –volvió a responderle su conciencia>>; <<ella me daría a los dragones>>; <<no lo haría>> <<dioses, ¿qué debo hacer?>>; <<¿el trono?>>; <<¿mi hermana y única familia?>>; <<¿poder?>>; <<¿dragones?>>; <<¿venganza?>>; <<¿fuego y sangre?>>.
Se levantó bufando de su silla, cogió la caja con el frasco y comenzó a andar lentamente y sin sentido. No sabía que debía hacer, pero sabía que debía hacer que sus enemigos sufrieran el fuego y sangre de su casa, la Targaryen, los auténticos señores de Poniente desde que Aegon el Conquistador y sus hermanas Visenya y Rhaella con Balerion, Vaghar y Meraxes, sus tres dragones, arrodillaron a todas las Casas  de los Siete Reinos y se convirtieron en los Señores del Trono de Hierro.
<<Dany tiene tres dragones y tú ninguno>>; <<¿y si Dany es…>>
Entonces pasó por delante del Salón del Trono y oyó una voz.
                                            <<Mátalos a todos>>; <<mátalos a todos>>.
Se giró hacia dónde había oído la voz, pero no había nadie. Sólo el Trono de Hierro. <<No hay nadie>>; <<tanta tensión hasta al más fuerte afecta>>; <<debe ser mi imaginación>>.
Viserys caminó hacía ese asiento tan incómodo, lleno de espadas que habían pinchado a todo hombre que se había sentado en él. Recordaba como su padre estaba lleno de heridas provocadas por él. Se sentó y dejó la caja, en una mesa que estaba al lado. Miró hacía la puerta con la mirada perdida; <<¿qué debo hacer?>>; <<¿qué haría mi padre en mi caso?>>; <<yo quería dejar de ser el Rey Mendigo y ahora que soy, ¿el Rey Sin Tierra?¿sin pueblo que lo amé y lo tema?>>.
-                       -   Majestad.
El joven dragón se asustó y dio un salto en su trono, el cual arañó su brazo. <<Maldito trono>>. <<¿Quién es el idiota que me ha molestado?>>. Miró hacía la puerta y vio cómo se acercaba Joffrey con una sonrisa petulante. << Se está riendo de mi>>; <<ríe, que pronto sabrás quién es un dragón y quién no>>.
-                      -  ¿Qué sucede, Lord Baratheon?
-                   - Nada, majestad. Sólo quería pediros otra vez que me deis tropas. Si ataco ahora, los eliminaré a todos y os traeré a vuestra hermana y los dragones.
-                  -  No, Joffrey - <<¿otra vez la misma cantaleta?>> -. Debemos hacerlo con cuidado y eres demasiado importante para sacarte a campo abierto contra esos salvajes. Y mi hermana y los dragones podrían ser asesinados antes de que llegaseis a ellos.
-                 -  ¡Pero majestad! Soy Joffrey Baratheon, mi padre era un gran combatiente, mi tío la mejor espada y mi abuelo el mejor estratega. Esos norteños no tienen nada que hacer contra mí.
<< Y tú el mayor idiota de todos ellos>>.  Viserys bufó para controlarse, y dijo:
-              - Joffrey, necesito que estés a mi lado, he decidido que seas tú quien castigue a Robb Stark y necesito también que controles todas las tropas que hay en la Fortaleza Roja. Eres necesario aquí. A veces las mayores batallas son las que se disputan en los salones. <<Además tengo algo para ti>>.
-                      - Pero, Viserys… - respondió Joff, tuteándole hasta que el Rey levantó la mano.
-                      -  Pero, nada. Y soy majestad.
-                      - Puedo preguntaros otra cosa.
-                     - Sí - <<qué querrá ahora>> -.
-                 -  Majestad, ¿creéis que es bueno mantener con vida a los dragones? Los dragones son de vuestra hermana y seguramente harán todo lo que ella quiera. Si a vuestra hermana se le ocurriera levantarse contra vos o querer quitaros el trono, con los dragones ganaría y os echaría – preguntó y especuló sonriendo.
-                    - Mi hermana jamás se alzaría contra mí, ni utilizaría a los dragones para quitarme mi trono. Además, si yo le pidiera a ella los dragones, me los daría sin decir nada - <<ella sabe que no puede despertar a mi dragón>>; <<y si se quejará…>> -.
-                    - Si vos lo decís, majestad – siguió sonriendo el joven Baratheon, mostrando sus blancos dientes.
<<Este cabrón se está riendo de mí. Pero quien ríe el último…>>.
En ese instante llegó la Víbora Roja, muy serio,  con Ser Barristan Selmy que había vuelto de colocar las nuevas fuerzas en las Puertas de la ciudad, y detrás, el eunuco Varys con Ilyrio Mopatis, sonriendo por algo que les hacía gracia.
-                    - Bien señores – se levantó Viserys del trono-. Ha pasado una hora, y es hora que traigan al traidor.
En ese momento se abrieron de nuevo las puertas y entraron tres guardias llevando a un cuarto hombre todo lleno de cadenas, con la cara supurando sangre e hinchada. Sus ropas estaban rotas y descosidas, pero aún se podía reconocer el lobo huargo en su jubón. No levantó en ningún momento la cabeza. Los soldados tiraron a Robb al suelo, delante de los escalones del Salón. Viserys miraba al Joven Lobo inmóvil y tenía sentimientos encontrados. Una parte de él se alegraba de tener a su enemigo arrodillado y lleno de cadenas, pero otra parte de él estaba enfadado por como lo habían dejado y pensaba que los norteños podrían estarle haciendo lo mismo a su hermana.
-                    -  ¿Por qué el traidor Stark está así? – preguntó el Rey enfadado -. Dije que se le tratará bien.
-               -  Pensamos que os gustaría tenerlo bien golpeado y que no pudiera insultaros – dijo uno de los guardias con una sonrisa -. Así ahora vos podréis acabar el trabajo, ja, ja, ja.
-               -  ¿Estáis diciendo que yo sería incapaz de ocuparme del traidor por mí mismo y que os pediría ayuda a vos? – preguntó el dragón apretando los dientes y mirándolo con ira -.
-                   -   No, majestad – dijo el guardia poniéndose serio -. Sólo queríamos ayudaros y reírnos un poco.
-                -  ¿Reíros un poco? – entonces explotó -.¡Y sí se lo devolviera a los norteños y lo vieran así! ¿Qué coño creéis que le harían a mi hermana? ¡Imbécil! ¿Reíros? Ahora yo reiré
-           – miró a otros guardias y dijo:- llevadlo a una celda y ponedle la cara como la de Robb Stark, y mientras lo hacéis, reíros de él. Luego lo matáis. – y sonrió al guardia mostrándole todos sus dientes.
-              - Majestad, no, no quise hacerlo, sólo pensé…- el guardia chillaba mientras otros tres guardias se lo llevaron del Salón.
Entonces el Rey se dirigió a todos.
-                - La próxima vez que se le ocurra a alguien un plan “grandioso” y no me lo consulte, lo trocearé y sé lo daré de comer a los perros – entonces vio al copero y le dijo -. Traed dos copas con vino del Rejo.
Ninguno de los hombres allí presentes dijo nada, pero las miradas eran de asombro, enfado y algo más que no sabía si era pena o lástima. <<¿Me tienen lástima?>>; <<¿por qué?>>; <<piensan que no sirvo para nada pero les demostraré lo contrario>>.  Se hizo el silencio.
-                   -  Levantadle la cabeza al traidor – volvió a hablar el Rey Viserys -.
Uno de los guardias levantó la cabeza del traidor y  el Targaryen vio como el norteño lo miraba a los ojos sin ningún tipo de miedo.
-          - Robb Stark, aunque seáis un traidor, por lo cual pagaréis, os pido disculpas por el trato que os han dispensado mis guardias. Yo no les había ordenado que os hicieran eso – se disculpó Viserys.
-                - Majestad, ¡es un traidor! ¡Un Rey no puede disculparse ante un traidor! ¡Debe morir! – replicó Joffrey enfadado y si entender la disculpa.
-                   -  Sé que es un traidor. Pero un Rey no puede comportarse como un salvaje y permitir que unos imbéciles hagan su trabajo. Será castigado, pero cuando yo lo decida.
-                    - Pero, majestad…- intentó responder Joff, pero el Rey lo paro.
-                    - Se hará a mi manera y punto.
Viserys bajó los escalones y se puso enfrente de Robb y le levantó la cabeza.
-               - Has traicionado a tu rey, has querido usurparme el trono y has matado a muchos magníficos soldados. ¿Por qué debería dejarte con vida? – mientras lo decía, iba acercando su rostro al del joven lobo hasta echarle el aliento.
-                     - Tu…hermana…dragones – dijo como pudo el Stark, con la boca reseca.
-                - Sí, tienes a mi hermana y sus dragones. ¿Pero me puedes asegurar que tus salvajes norteños no la han violado y matado a ella y que los dragones siguen vivos?
-                     - No lo harán…les dije que no les hicieran daño – respondió serio Robb.
-                   - No lo harán delante de vos, pero vos estáis en mis manos y vuestros comandantes pueden creer que ya estáis muerto y que les hago perder su tiempo. O puede que quieran vuestro puesto y no les importará que muráis vos, mi hermana, los dragones o todo lo que se les interponga en su camino.
Robb no respondió pero miró con seriedad y fuerza a Viserys. <<Mira cómo un auténtico rey>>.  El dragón respiró hondo y entonces dijo a uno de los criados:
-                - Id a buscar al piromante Hallyne, parece que el otro criado no lo va a traer nunca. Esperemos que se haya acordado de traerme lo que le pedí – el criado salió corriendo -.
-                - ¿Qué vais a hacer majestad? – se acercó Oberyn Martell con una mirada dónde vio por primera vez el miedo -. ¿Qué queréis hacer, majestad? No podéis hacer eso… - dijo el hombre nervioso.
-               - Si pensáis que voy a quemar Desembarco del Rey como quiso hacer mi padre, estad tranquilo. Ya os dije en el Salón Principal que no lo haría. No soy el loco de mi padre. Pero el castigo que tengo para el traidor es de sangre y fuego, - respondió el rey mirando a Martell <<todos piensan que estoy loco>>; entonces miró a Robb - ¿Sabéis que hoy probaréis algo que hizo uno de mis antepasados con el fuego valyrio? ¿Cuál de ellos fue?...¡Ah! Ya lo recuerdo. Fue Aerion Targaryen, hijo de Maekar I, hermano de Aegon V el Improbable. Le llamaban  El Príncipe Luminoso, aunque más bien tendría que ser El Príncipe Chamuscado. Aerion quería convertirse en dragón y para ello se le ocurrió la idea de beberse el fuego valyrio, y se demostró que no era un auténtico dragón. Bueno, quiero probar que le ocurre a un lobo cuando bebe el fuego del dragón.
-                -   Majestad, no podéis hacer eso. Es una locura – dijo Oberyn -. Hay otras maneras de castigarlo.
-               -  No las hay. El castigo por la traición es la muerte. Si no lo mato, mis súbditos pensarán que soy blando y nadie me respetará. Mirad lo que han hecho los guardias por qué pensaban que era débil. Debo castigarlo duramente.
-                 -  Eso lo entiendo, majestad. Pero hay otras muertes más rápidas que esa.
-             - ¡Já! – río Joffrey -. Un traidor no merece una muerte rápida, sino dolorosa y que quede marcada en los recuerdos y la historia de Poniente y sus hombres. Si yo fuera Rey, le haría muchísimo más de lo que va a hacerle Viserys. – río -.
-               -  ¡Es una locura! – rugió Oberyn  y se dirigió al Rey Dragón -. No le hagáis caso majestad, os convertiríais en un monstruo si hicierais eso con el fuego valyryo o que le hicierais caso a vuestra Mano.
-          -  ¡Yo soy la Mano del Rey y tengo mucho más poder que tú! ¡El Rey hará lo que yo quiera! – gritó el Baratheon.
-              - ¡Tú eres un puto engendro antinatural! ¡Bastardo de Jaime Lannister! – gritó más alto Oberyn.
-              - ¡BASTA YA! ¡CALLAOS U OS CORTO LA CABEZA A AMBOS! – gritó Viserys nervioso y con los ojos desorbitados de la rabia de oírlos.
-              -  Majestad, me ha insultado a mí y a mi familia. Quiero su cabeza – dijo Joffrey con la cara roja de rabia -.    - Quiero un duelo ahora. Y quiero castigar yo a Robb Stark y a sus putos norteños.
-              - Aquí no va a haber ningún… - empezó a responderle el Targaryen pero en ese momento entró un soldado con la ropa destrozada y sangrando por una pierna y Viserys lo miró con miedo; <<no, ese idiota ha perdido. No me queda mucho tiempo>>. - ¿Qué ha pasado? ¿Por qué no estáis en la batalla? – dijo intentando mostrar tranquilidad.
-                - Majestad…han entrado…los norteños han entrado. Han destrozado la Puerta del Lodazal y con todos los hombres de Lord Jon Connington.
-               - ¿Y Lord Connington? ¿Dónde está?
-                -  Muerto… muerto… majestad.
Viserys se dio la vuelta y subió de nuevo los escalones. <<Si Connington ha caído, a la Fortaleza no le faltará mucho>>; <<maldito inútil, sólo servía para tirarse a mi hermano>>; <<pero ya hay uno menos>>. << Debo acabar mis asuntos antes y quitármelos de en medio>>.  Miró al soldado herido.
-          - Gracias por vuestra información. Podéis marchar para intentar salvar vuestra vida – dijo sin ánimo y el soldado le hizo una reverencia y se fue.
-              -  Majestad, debéis iros vos y la Reina ahora mismo. Aún podéis escapar – dijo Oberyn -. Estarán pronto aquí y no tendrán piedad de vos.
-              -  Mi padre se mantuvo en el trono hasta el momento en que Lannister lo mató. Y la Reina debe quedarse conmigo, al lado de su Rey y esposo. Ya os lo he dicho. – respondió el rey.
-               - Pero, majestad, haced vuestro padre no se enfadaría si escaparais. Él os protegió a vos y vuestra hermana – continuó Oberyn.
-                - Sí, mi padre protegió a sus dos hijos y herederos, pero yo no tengo hijos y la Reina no espera ningún hijo.
-             - ¡Majestad! ¡Es vuestra esposa y Reina! Es mi sobrina, majestad. Por favor dejad que me la lleve ahora mismo de vuelta a Dorne con su padre, venid vos también. Dorne sigue de vuestro lado,…
-                  -¡Ja! Está tanto de mi lado, que aún no he visto las jodidas tropas de vuestro hermano por ningún lado. La Reina no se va a mover. Si muero yo, ella morirá a mi lado. Pero mi guardia la protegerá.
-                   -  ¡Estáis loco! ¡Loco! Decís que la queréis proteger, pero hacéis todo lo contrario. ¿Cómo queréis que se quede embarazada si no la tocáis y preferís quedaros en vuestro cuarto haciendo a saber qué?. Mi hermano no puede venir, tiene a los Tyrell en la frontera queriendo conquistar Dorne. No puede enviaros ahora mismo tropas – respondió enfadado y con la cara roja de rabia Oberyn Martell –. Dejad que me la lleve ahora, no hay tiempo – acabó suplicando.
Viserys lo miró con ira y rabia, <<¡este maldito dorniense me ha llamado loco!>>, <<maldita la hora en que se juntó la Casa Targaryen con los Martell>>, <<¿por qué me casé con Arianne, si no deja que me acerque a ella>>, <<sabes perfectamente por qué – respondió su conciencia>>, <<tenía que haberme casado con Dany y nos habríamos ahorrado todo esto>>, <<pero ahora no serías rey – respondió de nuevo su conciencia>>, <<si caigo yo, caerán todos>>.
-                    -   ¡Traición! ¡Traición! – gritó Joffrey y desenfundó su espada -. ¡Majestad, eso es traición!
-              - ¡Callate niñato de mierda!- gritó también Oberyn y desenfundó su espada -. Si este loco no te hubiera hecho Mano del Rey, ahora estarías pudriéndote con tus padres.
-                 -  ¡Mentira! – chilló lleno de ira Joffrey y miró al Rey Dragón -. Dejad que maté a este traidor dorniense. Dadme todas vuestras tropas y a vuestra guardia Real y los traidores no entrarán a la Fortaleza Roja.
-                   -   ¡No! – gritó Viserys -. Joffrey, sois mi Mano y me sois mucho más útil aquí conmigo - <<además que tengo algo para vos>> -. Ser Barristan, desarmad a Oberyn Martell y llevadlo con más hombres a las celdas. Ha cometido traición contra su Rey. Si no se deja, matadlo y después matad a mi esposa.
Ser Barristan Selmy se quedó quieto mirándolo con sorpresa.
-                      -  ¡Hacedlo! ¡Es una orden de vuestro Rey!
-                  - Hacedlo, Lord Barristan – dijo la Víbora Roja y tiró su espada al suelo, mirando fijamente a Viserys -. Ahora tirarse un pedo también será traición. Tenía razón Jaehaeris II. Cuando nace un Targaryen, los dioses tiran una moneda al aire. Cara, serán como Aegon el Conquistador, Rhaegar o Daenerys. Cruz, vuestro padre. ¿A qué no sabéis que salió cuando nacisteis vos, pedazo de chiflado dragón?  ¡Vos no sois un auténtico dragón!
-                       -  ¡Calladle la boca! ¡Llevároslo ahora mismo o lo mataré! – chilló Viserys fuera de sí.
-                     - ¡Vos no sois un dragón! ¡La Reina debería haber sido vuestra hermana! ¡Ella sí que es un dragón y tiene dragones! ¡Mientras vos…! ¡Ja! Ahora sí que tenéis a todo Poniente en vuestra contra. Cuando lleguen las noticias a Dorne, mi hermano dejará que acaben de mataros.
-                  -  Cuando vuestro hermano se enteré, la guerra habrá acabado, habré ganado y vos estaréis muerto por culpa de los norteños, o al menos, eso será lo que le diré a vuestro hermano - <<o estaremos todos muertos y dará igual que el gordo de vuestro hermano se enfadé o no>> -.
-              - ¡Estáis loco! Y por vuestra culpa todos vamos a morir. Estúpidos, sois estúpidos – volvió a decir el dorniense y vio como Joffrey se le acercó y lo abofeteó. En ese momento, la Víbora lo cogió por el cuello -.      - Tú, maldito crío, ¿crees que puedes pegarme una bofetada y salir vivo? Entre tú, engendro abominable, y el rey loco 2, habéis destruido Poniente y a todos nosotros. ¡Jamás debisteis tener poder! ¡Jamás! – apretó el cuello del Baratheon.
       - Ser Barristan se acercó a él y le puso su espada al cuello.
-                 -  Lord Oberyn, soltad al muchacho. Debéis ir conmigo a las celdas. Yo protegeré a vuestra sobrina y Reina mía. No le pasará nada. La protegeré con mi vida. Seguidme antes de que deba hacer algo que no quiero.
La Víbora Roja lo miró a los ojos y soltó a Joffrey.
<<¿La protegeré con mi vida?>>; <<a quién debes proteger es a mí, tu Rey>>; <<todos la prefieren a ella y a mi hermana>>; << nadie me quiere>>; <<tu hermana te quería, pero la casaste con un salvaje y no fuiste a rescatarla con todo un ejército -  le respondió su conciencia>>; <<pero esto acabará pronto, para bien o para mal>>.
-                      -  Llevároslo, Ser Barristan. No quiero verlo más.
-                      - Sí, majestad.
Ser Barristan Selmy con dos guardias, se llevó a Oberyn Martell. Entonces miró a Varys e Ilyrio que aún no habían dicho nada y que parecían en calma.
-                  - Lord Varys, Lord Ilyrio, id inmediatamente al cuarto de Lord Connington y decidle a su viuda todo lo que ha sucedido. Luego dejadla encerrada en su cuarto con dos guardias vigilando que no escape. Es una Stark y puede ser peligrosa.
-                 -  Es una niña, idiota – dijo Robb -. ¿Qué te puede hacer mi hermana? ¿Invitarte a comer pastelitos de limón?Ja, ja, ja. Si yo muero, aún quedan mis hermanos Bran y Rickon, antes de Sansa.
-                   - Sí, pero tus hermanos son casi bebés y los bebés a veces mueren de un día para otro – sonrío Viserys -.
-                   - ¡Ni se te ocurra tocarlos! ¡Mis caballeros los protegerán y os matarán a todos! Hoy es tu último día aquí, has perdido la guerra. Deja a mi hermana marcharse o entrégasela a mis hombres, ella no puede hacerte nada – lo miró a los ojos con fuerza.
<<Es valiente>>; <<Joffrey también era valiente>>; <<pero dicen que los norteños tienen palabra>>.
-                 - Majestad, podríais dejarme a mí a Sansa Stark. Su padre y el mío nos querían casar y creo que yo podría enseñarle lo que Jon Connington jamás le enseñó – fanfarroneó Joffrey -.
-                     -  ¡No la vas a tocar monstruo! – gritó Robb e intentó soltarse de las cadenas.
-                 - Ah, ¿no? – dijo el Baratheon sonriendo. Se le acercó y también lo abofeteó -. ¡Soy Joffrey Baratheon, Rey de Poniente y actual Mano del Rey! ¡Me voy a follar a tu hermana hasta matarla! Y luego, si sigues con vida, te la traeré. Ja, ja, ja.
-                   - ¡Cállate Joffrey! – gritó Viserys -. ¡El Rey soy yo! No vas a tocar a Sansa Stark. Si lo haces les daré a los norteños tu puta cabeza de chorlito – miró a Varys e Ilyrio ignorando la cara de rabia de Joff -. Señores, haced lo que os he ordenado.
-                       - Sí, majestad – dijo Varys con una sonrisa -. Pero, majestad, creó que deberíais salvaros vos con el oro que queda en palacio. Así, un día podríais volver con otro inmenso ejército. O al menos, salvar a algo. Tengo varias ideas de cosas que debemos salvar y…
-                   - ¡Salvad lo que queráis! Yo me quedaré aquí hasta el final. Salvad lo que consideréis oportuno y regresad aquí.
-                        -  Sí, majestad – dijeron los dos hombres al unísono e hicieron la reverencia y se fueron.
En ese momento, los criados que mandó a buscar al maestre piromante venían  despacio con este y con un pequeño cofre dónde debía venir el fuego valyrio, pero de repente, entró una mujer de pelo oscuro y ojos marrones furiosa, casi corriendo y mirando al Rey con odio, rabia, ira. Casi empuja al piromante Hallyne, que protegió el cofre como si protegiera su vida y se quedó quieto. <<La que me faltaba, ahora>>; <<quiere que saltemos todos por los aires>>; <<insensata>>, pensó el Dragón mientras intentaba sonreír, y dijo:
-                        -  Querida, ¿qué os sucede? Ahora mismo estamos en una reunión del Consejo.
Ella se acercó hasta dónde estaba él y sin decir nada lo abofeteó con todas sus fuerzas.
-                         - ¡Qué le has hecho a mi tío! ¿¡Quién te crees que eres para encerrar a la Víbora Roja de Dorne!?
-                       - Soy el Rey – dijo serio el joven rey -. Arianne, vuestro tío está encerrado acusado por traición. Me ha insultado a mí, su rey. Además quería huir con vos.
-                  -  ¡Mi tío jamás huye! Y sé que quería salvarme a mí y a ti, o volvería a protegeros. Dorne siempre ha estado del lado de los Targaryen. Él es el único de vuestro consejo que sirve para algo. Jamás os insultaría.
-                    - Vos debéis quedaros conmigo, vuestro rey, pase lo que pase. Y sí, me ha insultado. Ahora volved a vuestro cuarto con vuestras damas y esperad que os llamé cuando hayamos ganado la batalla.
-                     - ¿Ganar? – río -. Los norteños están intentando entrar en la Fortaleza Roja y no les falta mucho para ello. Dejad libre a Stark y puede que nos dejen con vida. Podemos irnos a las Islas del Verano e intentar tener una nueva vida.
-                          -  No. Soy el Rey y mi pueblo me necesita. Mi Consejo piensa lo mismo que yo.
-                    - ¿Vuestro Consejo? Ese consejo que permitió que matarais de forma cruel a los Lannister, aunque os hubieran traicionado. Ese Consejo que permitió que mandarais a Khal Drogo y a Jon Connington a una muerte segura. El mismo Consejo que permitió que fuera vuestra hermana con su esposo y el que permitió que un crío mandará más que vos y abofeteará a mi tío y al cual supuestamente permitiríais que yo asistiera – respondió Arianne -. Un Consejo con un eunuco, un quesero, un traidor Tyrell, otro que no supo defender a su príncipe, vuestro hermano, el monstruoso nieto del hombre que mató cruelmente a mi tía y sus hijos pequeños y, que como rey, fue un desastre y los dos únicos que os sirven los mandáis los alejáis de vos, mandando uno a la cárcel y el otro acompañándolo para encerrarlo. Es una locura – acabó de decir mirándole a los ojos.
Viserys estaba con los dientes apretados intentando controlar su ira. <<¿Cómo se atreve ella a darme clases de política y a decir quién debe formar mi Consejo y quién no?>>; <<¿Cuándo ha visto a una mujer como consejera de un Rey?>>, <<¿por qué no puede ser dócil como Dany y asustarse cuando la miró enfadada?>> . Respiró hondo y dijo:
-                            -  No insultéis a mi Consejo, mi señora. Son los mejores hombres que podía tener. Vos no podéis estar en él. Sois la Reina, y la Reina debe hacer otras cosas. Vuestro tío ha cometido traición, pero cuando ganemos la batalla, lo soltaré.
-                      - ¿Ganar la batalla? Viserys despierta. ¡Vamos a perder y a morir! ¡Vámonos con mi tío a Dorne, mi padre nos protegerá!
-                      - ¡No! Tengo que hacer algunas cosas y ganar esta batalla. Además debo castigar al traidor norteño, cosa que voy a hacer ahora mismo con el piromante Hallyne y con mi Mano.
-                      -  ¿Quieres que muramos todos? ¿Eso quieres? ¡Pues yo no quiero morir! ¡Me voy ahora mismo! Me voy a entregar a los norteños y ellos o me matarán o pedirán un rescate a mi padre. Pero prefiero morir a sus manos que por culpa de un Rey inepto, inconsciente y loco. No os falta mucho para ser como vuestro padre, el Rey Loco.
En ese instante, el joven dragón perdió los nervios y abofeteó a su Reina.
-                    -  ¡Quién os creéis que sois hablándome así! ¡Soy vuestro rey y haréis lo que os diga! ¡No estoy loco! ¡Os quedaréis aquí! ¡Os lo ordeno como Rey!.
Ella se tocó la cara dónde había recibido el bofetón y que empezaba a ponérsele roja y con odio y rabia respondió:
-                     -  ¡Vos no sois mi Rey ni el de mi padre! ¡Vos sois un inútil! ¡No servís ni como Rey ni como hombre! ¡Ojalá entren los norteños y os maten lentamente! Ahora sí que habéis perdido la guerra y ni Dorne ni nadie vendrá a salvaros. Me dais asco y pena – y escupió en la cara de Viserys.
<<Me ha escupido. Está zorra me ha escupido>>.  Volvió a levantar la mano para volver a abofetearla, pero se dio cuenta que estaba perdiendo el tiempo y que le quedaba poco para poder hacer sus propósitos. Entonces se dirigió a los guardias que custodiaban a su esposa.
-                 -  Llevaros a mi esposa a su cuarto. Está muy indispuesta. Encerradla con llave y no la dejéis salir en ningún momento, pase lo que pase. Os lo ordena vuestro Rey – entonces se dirigió a su esposa -. Arianne, dirigíos a vuestro cuarto. Cuando haya acabado todo, acabaremos con esta discusión y haré lo que deba de hacer.
-                   -  Estás loco…estás loco. Estamos todos muertos, ¿no lo ves?.
-                - Guardias llevárosla inmediatamente. – Los guardias la cogieron pero ella se resistía -. Llevárosla aunque sea arrastras.
-           - ¡Estúpido! ¡Eres un estúpido y estás muerto! ¡Nos van a matar a todos por tu culpa! – gritó Arianne mientras se la llevaban tres guardias arrastras -. ¡Maldito loco!.
Después de que se fueran, Viserys hizo la indicación al piromante para que se acercara a ellos con el cofre. Bajó los escalones de nuevo y se acercó a Robb Stark. Cuando estaba en frente de él, volvió a oír detrás suyo aquella voz…

                                    <<Mátalos a todos>>; <<Mátalos a todos>>.
Se giró nervioso y vio que no había nadie detrás de él. <<Son imaginaciones mías. Estoy tan nervioso que ya oigo voces>>; <<pero cuando esto acabé se irán>>.
-                 - ¿Os sucede algo, majestad?
-                 -  No, no.
-          - Ya que me permitiréis  castigar a Robb Stark, se me ha ocurrido algo. Antes de matarlo con el fuego valyrio, podríamos hacerlo sufrir. Podemos hacer que los norteños se vayan si les vamos mandando a su señor a trozos. Vuestra hermana está muerta y los dragones también. Aún podemos salvarnos y dejarles un regalito muy bueno, ja, ja, ja. Quieren a su señor, lo tendrán, pero a trozos – dijo Joffrey con una mirada de fascinación al decir esas palabras, con ansía, disfrutando de lo que quería hacer -. Majestad, dejadme hacer eso. Sería el mayor honor que podría recibir. ¿Majestad? – preguntó el Baratheon por qué vio que su Rey no le escuchaba y estaba absorto en la voz que había escuchado.
En ese momento entró el copero con las dos copas de vino. Viserys miró el cofre que tenía en la mesa al lado del trono, pero, de repente lo volvió a oír pero ahora le decía otra cosa…
<<Quémalos a todos>>
CONTINUARÁ 

PD: Mañana colgaré el capítulo final, hoy ya no me da tiempo.


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