Buenas tardes de jueves. Hoy os traigo la batalla entre Oberyn Martell y La Montaña, desde el punto de vista de Oberyn (cosa que en el libro tenemos desde el punto de vista de TYrion). He intentado ser fiel a Martin en buena parte del texto y he añadido flashbacks de la Víbora. Cada flashback tiene un título puesto en cursiva. Bueno, sólo decir que todo personaje pertenece a George R.R. Martin y yo no gano nada con ello. Espero que os guste.
LA VÍBORA, LA
PRINCESA Y LA MONTAÑA
Desembarco del Rey, allí estaba
él, con su lanza llena de veneno en una mano y en la otra su escudo de metal
con los colores de la Casa Martell. Llevaba una armadura ligera: grabas,
avambrazos, gorjal, hombreras y bragadura de acero. No llevaba casco, no le
hacía falta para su forma de luchar. En su cabeza sólo había un pensamiento, <<hermanita, hoy os haré justicia y me
cargaré a los dos cabrones que te hicieron eso>>.
Allí estaba su amada Ellaria, la
madre de sus cuatro hijas pequeñas, con la cara completamente pálida al ver al
hombre contra el que se enfrentaba Oberyn. Entendía su miedo, pero tenía que
hacer justicia y para comenzarla, debía matar a ese gigante de Clegane. <<Puedo matarlo y lo mataré por Elia y
sus hijos>>. Tenía un plan. <<Haré
bailar a ese perro hasta que esté tan cansado que no pueda ni levantar el
brazo; luego lo derribaré y le haré sufrir por todo lo que le hizo a mi hermana
y sus hijos>>. <<Además, salvaré al pequeño Lannister y le daré por
culo al viejo, antes de darle su regalo>>.
Vio a Lord Tywin, <<tú serás el siguiente y comprobaré
si cagas oro>>, levantar la mano y el Septón Supremo empezó a rezar
al Padre, para que ayudará en aquel juicio por combate y al Guerrero, para que
diera su fuerza al brazo del hombre cuya causa fuera justa. <<Esa es la mía>>.
Le dieron a Clegane un escudo
gigantesco, <<¿tendrá todo gigante
este monstruo?>>, y Martell avanzó con rapidez hacia la Montaña,
quería matarlo en ese momento, pero se paró para seguir con su plan. <<Llevo años esperando este día y lo
haré sufrir>>; <<ahora empieza tu juego final>>.
- - ¿Te han dicho quién soy? – preguntó mirándolo a
los ojos, intentando contener su odio.
- - Un muerto cualquiera – respondió Ser Gregor -,
qué más da, estarás muerto dentro de poco – intentó acercarse pero el dorniense
viendo su movimiento, se fue a un lado.
- - Soy Oberyn Martell, uno de los príncipes de
Dorne – dijo mientras la Montaña se movía para no perderlo de vista -. La
princesa Elia era mi hermana.
- - ¿Quién? He conocido a muchas mujeres – preguntó Gregor
Clegane con rabia.
<<Sabes perfectamente quién era, cabrón>>. El príncipe
dorniense lanzó su lanza hacia el gigante, como un aguijonazo, pero Clegane la
paró con el escudo y contraatacó con su mandoble. <<Ataca, ataca y cánsate>>. Oberyn lo esquivó con un giro
y volvió a atacar con la lanza. Gregor la desvió con la espada, pero no lo
suficiente, <<ahora>>,y
Martell la volvió a lanzar nuevamente, con gran rapidez y logró desgarrarle el
jubón, dejándole un buen arañazo en el acero de debajo. <<Es la hora de que empieces a hablar>>; <<hoy haré
justicia, Elia>>.
- - Elia Martell, princesa de Dorne – siseó la
Víbora Roja -. La violaste. La asesinaste. Mataste a sus hijos – continuó
diciendo con voz dura y seca, llena de odio hacía el hombre que había matado
cruelmente a su hermana e hijos.
Clegane gruñó y le lanzó un tajo
hacia su cabeza, que el príncipe pudo esquivar fácilmente. <<Bien, te estoy cansando>>; <<pronto confesarás y
serás mío>>.
- - La violaste. La asesinaste. Mataste a sus hijos
– volvió a repetir, intentando que confesará sus crímenes.
- - ¿Has venido a charlar o pelear? Yo sé lo que
quiero, ¿y tú?
- - He venido a hacer que confieses tus crímenes - <<por las buenas o por las
malas>>.
Continuó golpeándolo, con golpes
rápidos, intentando pincharle en todos sitios: bajo vinetre, su escudo, los
ojos…
<<Los ojos…>>.
Paseos por los estaques
- - ¡Oberyn! ¡Oberyn! – oyó una voz dulce, que
reconoció al instante y se dio la cuelta con una gran sonrisa.
- - ¡Hola, Elia! – la vio correr hacia él y abrió
los brazos para recibirla.
- - ¿Qué haces aquí sólo, hermanito?
- - Pasear y mirar los estanques – dijo con ojos
tristes.
- - ¿Puedo pasear contigo? – preguntó ella con una
gran sonrisa, mirándolo a los ojos con esa mirada que sólo tenía para él, y él
sólo pudo asentir.
Empezaron a caminar cogidos de la
mano. El chico dorniense era muy feliz de estar con su hermana, siempre quería
estar con ella, jugar en los estanques desnudos, estudiar juntos, comer juntos,
poder pasar el mayor tiempo posible con ella. Pero había oído algo, que había
resquebrajado sus sueños…
- - ¿Qué te pasa, hermanito? ¿Por qué estás tan
serio – preguntó ella, parándose y mirándolo a los ojos.
- - Nada, Elia, nada – respondió él, separando su
mirada de la de ella.
- - Oberyn… - lo cogió de la cara y se la giró para
volver a mirarse a los ojos -. ¿Qué sucede? Puedes decírmelo, soy tu hermana
mayor.
- - He oído a padre y madre…hablar sobre ti - dijo nervioso-. Hablaban de buscarte un
marido – continuó con dificultad y pena y se apenó más al ver la sorpresa y el
miedo en la cara de su hermana.
- - ¿Un marido?
- - Sí, un marido. Y harán que te vayas y me dejes.
Eres mi hermana y no quiero que te vayas de Dorne. Yo…yo – entonces su hermana
le tocó la mejilla y él calló.
- - Tranquilo, Oberyn – le dio un beso en la
mejilla, para tranquilizarlo -. Tengo 11 años. Aún no he florecido y padre y
madre aún tardarán unos años en encontrarme a alguien. Tenemos tiempo para pensar algo. O
puede que mi futuro marido tenga que vivir aquí en Dorne y podremos estar
juntos. Y si me tengo que ir, conseguiré volver las veces que hagan falta.
Tranquilo hermanito, no nos separarán – le sonrió.
- - De acuerdo. Pero si intentan separarnos les
clavaré a todos una lanza.
- - Ja, ja, ja –rió -. Tenemos tiempo para estar
juntos. Oberyn, sonríe. Se nos ocurrirá algo – le despeinó el pelo antes de
empujarlo y salir corriendo -. Vamos, hermanito. A que no me pillas antes de
llegar a los Jardines del Agua – le sacó la lengua, riéndose.
- - ¡Voy! – gritó el dorniense, sonriendo y
corriendo detrás de su hermana.
………………………
Siguió dando vueltas a su alrededor,
le iba pinchando con su lanza y retrocedía para cansar a su enemigo, que no
paraba de dar vueltas para poder seguir su ritmo, <<bien, montañita,
maréate un poco y cánsate>>; << pronto caerás y haré justicia, muy
pronto>>.
Siguieron combatiendo con gran
fiereza por todo el patio, sin parar de lanzarse su lanza y su mandoble. Oberyn
siguió moviéndose más rápido y más ágilmente. << Aguanta más de lo que creía. Pero a este ritmo conseguiré
cansarte y poder clavarte la lanza al cuello cuando confieses>>;
<<tengo que hacer que confiese>>, <<tengo que hacerlo por
ella>>.
- - La violaste – dijo haciendo una finta -. La
asesinaste – continuó, parando un golpe del mandoble de Ser Gregor con su
escudo -. Mataste a sus hijos – gritó con toda la fuerza que tenía y lanzando
su lanza contra el cuerpo de La Montaña, a la que sólo hizo un arañazo al
gorjal. <<Lástima, ese gorjal es
más grueso de lo que pensaba>>; <<debo continuar, debo hacerlo por
ellos y matar a este cabrón>>. Entonces Clegane lanzó su mandoble
hacia su cuello.
- - La violaste – volvió a decir el príncipe,
parando el tajo con su lanza-. La asesinaste – tiró su lanza hacia los ojos de
Clegane, que tuvo que dar un salto atrás para no morir en ese instante -.
Mataste a sus hijos – dijo con rabia y volviendo a mover su lanza hacia un
costado de su enemigo, arañando el peto de este, <<casi>>¸<<debo hacerle confesar y que sufra>>
-. La violaste. La asesinaste. Mataste a sus hijos.
Ser Gregor empezó a soltar
mandobles a la lanza, como un animal furioso, para poder romperla y tener a la
Víbora Roja a su merced. <<No
podrás romperla, estúpido>>; <<te golpearé con ella hasta que
confieses>>; <<por Elia>>; <<por sus hijos>>;
<<llevo deseando este momento desde hace años y no voy a fallar>>;
<<los mataré a los dos>>.
- - La violaste. La asesinaste. Mataste a sus hijos,
desgraciado – La Montaña intentó embestirlo, pero el dorniense lo rodeó por la
espalda. <<Continúa Oberyn>>
-. La violaste. La asesinaste.
Mataste a sus hijos. <<Maldita la
hora que te casaste con el dragón>>.
La princesa prometida al dragón
Allí estaba
ella, con su pelo largo, moreno, con su belleza dorniense y esos hermosos ojos
marrones sonriéndole a ese idiota de Uller, que seguro que había venido a
cortejarla. Ya habían venido más: Manwoody, Blackmont, Yronwood,…, pero a todos
ellos había conseguido que se fueran a sus casas, sin la mano de su hermana.
Ella ya tenía
16 años y era muy hermosa. Habían venido diferentes casas banderizas de Dorne y
alguna de las Casas Grandes a hablar con sus padres sobre la unión de sus casas
por medio del matrimonio. Recientemente, habían estado a punto de unirse con la
Casa Lannister, con la unión de Elia y él, con los gemelos de Lord Tywin,
incluso habían ido ellos con su madre a Roca Casterly para acabar las negociaciones.
Pero cuando llegaron allí, se enteraron
que Lady Joanna había muerto al dar a luz a su hijo enano y Lord Tywin no les
hizo el menor caso, dejando todo en nada. A los demás, el joven príncipe
consiguió asustar con sus comentarios y lo que no eran comentarios.
Decidió que
Uller no sería mucho más difícil que los otros y se acercó a ellos con su mejor
sonrisa.
- - ¡Elia! – la llamó mientras se acercaba a ellos.
Cuando llego donde ellos, dio dos besos a su hermana y miró al otro chico, que
era de su edad -. Hola, Uller.
- - Hola Oberyn – respondió el chico serio.
- - ¿Qué haces por Dorne? Vuestro padre, Ser Harmen,
¿se encuentra bien?
- - Sí, mi padre está bien - dijo el joven Uller algo nervioso -. He
venido para hablar con vuestro padre y hacer negocios en Lanza del Sol.
- - Ah, negocios –sonrió -. Bueno, entonces me llevo
a mi hermana. Así podrás ir a hacer tus negocios… - lo miró fijamente.
- - Oberyn… - dijo Elia frunciendo el ceño.
- - Hermanita, no podemos incordiar a nuestro
invitado e impedirle hacer sus tareas. Además tengo que explicarte cosas de mi
viaje. ¿Padre te ha encontrado ya un marido que valga la pena? Por qué, sabes
Uller, mi hermana se merece al mejor hombre como esposo y si le toca algún
inútil, haré que sufra hasta su último suspiro.
- - ¡Oberyn! Pero… -iba ella a responderle, cuando
Uller respondió.
- - No pasa nada, Elia. Tu hermano tiene razón. Debo
de ocuparme de ciertos asuntos – dijo irritado -. Ha sido un placer hablar
contigo, Elia – cogió su mano y la besó. Luego miró con reproche a Oberyn -.
Oberyn – hizo un gesto de despedida con la cabeza.
- - Uller – respondió el dorniense con el mismo
gesto de despedida. El joven de Sotoinfierno se fue a
paso veloz y los dejo solos.
- - ¿Por qué has hecho eso? – preguntó Elia
mirándolo y hablando con rostro serio.
- - ¿El qué? – respondió él sonriente.
- - Tratarlo como un idiota y avergonzarlo. ¿Quieres
crearle problemas a padre?
- - No. Pero Uller no vale para ti. Tú te mereces
algo mejor.
- - ¿Algo mejor para mí? ¿De qué estás hablando?
- - ¿No lo ves? ¡Ese idiota estaba aquí para pedir
tu mano! No es suficiente para ti – respondió serio el dorniense mirándola a
los ojos.
- - Entonces, según tú ¿quién es bueno para mí? –
preguntó enfadada.
- - No lo sé. Alguien fuerte y que se merezca tu
amor.
- - Hermanito, Uller no estaba cortejándome. Además
llega tarde. Mientras has estado fuera, padre y madre han concertado ya mi
matrimonio.
- - ¿Con quién? – preguntó Oberyn con gran sorpresa,
tristeza y rabia -. Dime quién es y lo mataré – en ese momento, recibió una
bofetada de su hermana y se tocó la cara roja.
- - ¡Basta ya!! No vas a matar a nadie. No puedes
hacerlo, el rey te ajusticiaría.
- - El rey está loco. No se enteraría.
- - Sí se enteraría, si matarás a su hijo y heredero
– el joven quiso decir algo, pero Elia levantó la mano para que la dejará
hablar -. Han acordado mi matrimonio con Rhaegar Targaryen. Me convertiré en la
futura reina.
- - ¿Reina? ¿Tú quieres ser Reina? ¿Por qué tú? Los
Targaryen se casan entre ellos, no mezclan su sangre.
- - Sí, Oberyn. Pero Aerys y Rhaella no han tenido
ninguna niña. No sé por qué me han elegido a mí, pero creo que podría ser una
buena reina para el pueblo. Además, dicen que Rhaegar es muy apuesto y amable y
podría con el tiempo ganarme su amor.
- - Y nosotros, ¿qué? Pensaba que querías que
estuviéramos juntos en Dorne. Si te casas con Rhaegar te irás a Desembarco del
Rey – respondió dolido él.
- - Pero puedes venir conmigo. Puedo encontrarte
algún puesto allí. Estaríamos juntos, como siempre. O puedo venir aquí de vez
en cuando. Seguro que hay una forma – sonrió intentando calmarlo.
- - No.
- - ¿No?
- - No iré a Desembarco. He venido a decir que me
voy a Antigua para ser maestre – mintió-. Doran será el príncipe reinante en
Dorne, tú serás la Reina de los Siete Reinos y el hermano pequeño, o es Guardia
de la Noche, señor de nada o es maestre. Y no tengo ganas de congelarme las
pelotas en el Muro.
- - Hermanito, no hace falta ninguna de esas
opciones. Ven conmigo a Desembarco o quédate aquí en Dorne. Conseguiré venir
mucho.
- - Aquí y en Desembarco soy un estorbo. Además en
Antigua podría conseguir todos los eslabones de maestre y conocería el mundo. Y
puede que pudiera ir a Desembarco y convertirme en maestre del Rey – acarició
el rostro de su hermana, que estaba a punto de llorar -. Hermanita,
no llores. Vas a ser la futura reina y yo el mejor maestre jamás conocidos. Y
nos volveremos a ver en Desembarco o aquí en Dorne, y podríamos volver a
bañarnos en los estanques o jugar con mis sobrinos. No va a ser tan fácil
separarnos. Siempre vamos a estar juntos. Sonríe, hermanita – y con una gran
sonrisa, la levantó en volandas, empezando a dar vueltas hasta que ella empezó
a reír también.
Y esa fue la última vez que se
vieron antes de…
………………..
- - Cállate – dijo Clegane moviéndose más lentamente
y levantando menos alto su mandoble -. Cierra la boca, joder - dijo nervioso.
- - La violaste – repitió el dorniense,
desplazándose a la derecha.
- - ¡Basta!
Ser Gregor lanzó su espada contra
la cabeza de Oberyn, pero este retrocedió.
- - La asesinaste – continuó, para seguir intentando
la confesión de su enemigo.
- - ¡CÁLLATE!
<<Está a punto>>; <<un poco más y confesará>>.
Gregor cargó de frente, hacia la
punta de la lanza, que chocó violentamente contra su pecho y resbaló hacia un lado. De pronto, la Montaña estaba
tan cerca, que podía golpearlo, <<está
demasiado cerca>>; <<necesito más espacio>>; <<no puedo
caer ahora>>.
Clegane empezó a golpearlo con su
espada y el dorniense iba esquivando sus golpes. Tiró su lanza <<no me sirve al tenerlo tan cerca>>,
y empezó a defenderse de los golpes con
su escudo. Comenzó a retroceder cada vez más. <<Mierda, me está ganando terreno y aún no ha confesado>>;
<<debo hacerlo confesar>>; <<debo hacerlo por Elia>>.
Siguió retrocediendo hasta las caballerizas y chocó contra uno de los
espectadores del combate. Esto lo aprovechó Ser Gregor para lanzar un golpe
descendente, con toda su fuerza salvaje. <<Salta, Oberyn>> y él se
lanzó a un lado, justo a tiempo. Menos suerte tuvo el caballerizo, al que le
cortaron el brazo y después fue decapitado por la Montaña.
La Víbora Roja cogió su lanza de
nuevo y se puso a una distancia de Clegane. <<Debo
hacer que confiese antes de que me mate>>; <<si no confiesa, esto
no habría servido para nada>>; <<debo seguir>>; continuó
diciendo, pero empezaba a sentirse cansado.
- - Elia – dijo mirando a la Montaña -. La violaste.
La asesinaste. Mataste a sus hijos. Venga, pronuncia su nombre. <<Hazlo de una vez por todas>>.
- - Hablas demasiado – gruñó -. Me das dolor de
cabeza.
- - Quiero que lo digas. Era Elia de Dorne - <<¡dilo ya maldito!>>.
La Montaña bufó con desprecio y
avanzó…hasta que, en ese momento el sol apareció entre las nubes.
<<El sol de Dorne está de mi lado>>; <<debo atacar
ahora>>. Vio que esa era la oportunidad de empezar a hacer sufrir a
su enemigo y sabía cómo. Gregor Clegane se movió para dejar el sol a su
espalda, mientras, la Víbora Roja se agachó, entrecerrando sus ojos y volvió a
atacar con la lanza, <<ahora>>.
Clegane intentó cortarla, pero Oberyn lo fintó e hizó que la Montaña
trastabillara.
<<Ahora vas a saber que es el sol de Dorne>>. Inclinó
su escudo metálico, cogiendo un dardo de luz solar, haciendo que su destello
entrará por la ranura del yelmo de su enemigo. Clegane levantó el escudo para
protegerse y con un movimiento rápido, el dorniense encontró la axila de su
enemigo desprotegida, <<ya te
tengo, cabrón>>, y lanzó su lanza allí, atravesando la malla y el
cuero curtido. Gregor gritó fuertemente cuando la Víbora hizo girar la lanza
antes de tirar de ella para sacarla. <<Esto
es por mi hermana>>.
- - ¡Elia, dilo, Elia de Dorne! – gritó, mientras
giraba alrededor de Clegane, preparándose para asestar otro golpe, posiblemente
uno definitivo para que confesará -. ¡Dilo!.
Vio que la Montaña no paraba de
sangrar por el brazo, <<falta poco,
debo hacerlo confesar>>; <<es capaz de morir sin confesar>>;
<<pero morirá sufriendo como un perro>>, y que intentaba andar
hacia él, pero se le dobló la rodilla. Ahora Oberyn estaba detrás de él. <<Es mío>>.
- - ¡ELIA DE DORNE! – gritó con rabia, odio,
ansiedad.
Clegane intentó moverse, pero
demasiado tarde. <<Ahora sufrirás
hasta que lo digas>>; y clavó
su lanza, atravesando la malla metálica y cuero, entre la greba y la pieza del
muslo. Ser Gregor cayó al suelo de cara, cayéndosele el mandoble de las manos.
Este giró lentamente y se puso boca arriba.
El príncipe dorniense agarró su
lanza con las dos manos y se apartó. La Montaña, detrás de él, intento
incorporarse gimiendo. En ese momento, Oberyn se giró y corrió rápidamente
contra su enemigo, gritando: <<¡Elia!>>
, y clavó su lanza en el vientre de Clegane hasta partir el asta de fresno.
La Montaña tenía media lanza rota asomando por su vientre. Oberyn tiro su lanza
y cogió el mandoble de su adversario.
<<Está es la última posibilidad>>.
- - Si mueres antes de pronunciar su nombre, te
perseguiré por los siete infiernos, hasta que lo hagas – rugió.
Clegane intentó incorporarse y
entre gruñidos quiso arrancarse el asta, pero no pudo.
El príncipe se aproximaba a
Gregor.
- - ¡Di su nombre! – gritó y puso un pie en el pecho
de la Montaña, levantando el mandoble con ambas manos por encima de su cabeza,
con su sangre ardiendo como el fuego.
Sangre y Fuego
- - ¿Qué quieres, Doran? ¿Sabes que estaba con una
mujer de Lys, con una piel tan negra como la noche? – dijo Oberyn, enfadado por
haber sido molestado para ir allí.
- - Esto es mucho más importante que tus mujeres, Oberyn.
Estamos en guerra, ¿recuerdas? Siéntate – dijo el príncipe tranquilamente.
- - Sé que estamos en guerra, pero Dorne es neutral.
No tenemos ningún problema. Así que, hermano, debo irme a acabar lo que he
empezado – se dio la vuelta para irse.
- - La guerra ha acabado. Los Lannister se han
puesto del lado de Robert y han matado a Aerys. Desembarco del Rey ha caído.
- - Bien, ¿y qué? Mientras no vengan a Dorne no hay
problema – en el momento en que lo dijo, un temblor azotó todo su cuerpo y tuvo
un mal presentimiento.
- - Siéntate, Oberyn.
La Víbora Roja se sentó enfrente
de su hermano.
- - ¿Y Elia? ¿Y los niños? – urgió Oberyn -. ¿Los
tienen e rehenes? ¡Paga lo que sea! ¡Dales todo! – empezó a gritar nervioso y
se levantó nervioso -. ¡Paga lo que sea!
- - No puedo, hermano, dijo Doran con la voz y la
mirada más triste que jamás su hermano había visto -. La han matado. A ella y a
los niños. La han violado y matado. Han sido los Lannister
- - ¡QUÉ! – gritó Oberyn con todas sus fuerzas y
sintiendo que se le rompía el corazón -. ¡Los voy a matar a todos! ¡No quedará
un puto Lannister vivo! – cogió la silla en la que había estado sentado y la
reventó contra el suelo, fue hacía un mueble y tiró todo lo que estaba encima.
- ¿¡Quién de ellos ha sido!? ¡Dímelo, Doran! ¡Si no me lo dices, tú serás el
primero!
- - Gregor “La Montaña” Clegane, pero fue mandado
por su señor, Lord Tywin – respondió, con supuesta tranquilidad.
- - ¿¡Y qué coño hacemos aquí!? ¡Llama a tus
banderizos! ¡Hay que ir a Desembarco y matarlos a todos! – chilló furioso.
- - Oberyn… - intentó Doran calmarlo.
- - ¡Si tú no te atreves a ir, iré yo! ¡Dame un
ejército y los mataré a todos! – al ver que su hermano no decía nada, se
enfureció todavía más. ¿Tienes miedo a ir? ¿Te dan miedo los leones? – empezó a
reírse a carcajadas nerviosas -. ¡Eres un estúpido cobarde! No tenías que haber
sido el mayor. ¡Iré yo y los mataré a todos! ¡Aplastaré a Clegane! Les haré…
- - ¡CÁLLATE, OBERYN! – gritó su hermano con fuerza,
dejando sorprendido a su hermano, que nunca lo había visto gritar -. Cállate y siéntate.
Oberyn cogió otra silla y se
sentó.
- - Oberyn, crees que no me arde la sangre al saber
lo que le han hecho a mi hermana, porque también lo era mía, y a sus hijos, dos
bebés. Crees que no quiero levantar todo el sur contra esos cabrones. Crees que
no quiero ir yo mismo y matar a esos Lannister con mis propias manos. Pero
cuando tanta gente depende de tus decisiones, cuando tantas vidas inocentes
pueden morir por la inconsciencia de sus líderes, hay que buscar otros métodos.
- - Entonces, según tú, ¿qué debemos hacer?
- - Mandaré un cuervo a Desembarco para pedir
explicaciones a Lord Tywin y…
- - ¡Una carta! ¡Una carta! Estás loco ¿Piensas
arreglarlo todo con una carta? – interrumpió Oberyn enfadado y sin entender a
su hermano -. Realmente estás loco – se levantó para irse.
- - Eso no es todo. Siéntate y escucha – la Víbora,
al ver el rostro enfadado de su hermano, se sentó -. Mientras yo mando el
cuervo, tu irás a Pentos.
- - ¿Pentos? ¿Qué hay en Pentos?
- - Los últimos Targaryen. El príncipe Viserys y su
hermana recién nacida. Están bajo la protección de Ilyrio Mopatis. Irás allí y
acordarás la boda de Viserys con Arianne.
- - ¿Y de qué servirá?
- - Servirá, cuando Viserys sea mayor y reclame el
Trono de Hierro con todo el poder de Dorne. Entonces será el momento.
- - ¿El momento?
- - El momento de nuestra venganza. El momento de
vengar la muerte de Elia, Rhaenys y Aegon. El momento de FUEGO Y SANGRE.
- - FUEGO Y SANGRE.
……………………….
De repente, la mano de Clegane lo
agarró por la corva. <<Dioses, si
está medio muerto>>. La Víbora Roja golpeó con el mandoble, pero
perdió el equilibrio; <<ahora no,
no>>; <<dioses dadme más tiempo>>; y cayó encima de la
Montaña. Empezaron a golpearse y dar vueltas con todas las fuerzas que les
quedaban a ambos, pero notó como Gregor lo apretaba contra su pecho con un brazo
y con gran fuerza. Oía que alguien lo llamaba <<Oberyn>>, <<Oberyn>>.
En ese momento, Ser Gregor
Clegane acercó su rostro al de él <<¿qué
quiere hacer?>>
- - Elia de Dorne
- dijo y el dorniense pensó: <<Por
fín>>, <<por fín>> -. Yo maté a esa mocosa llorona –
Clegane, con su mano libre clavó los dedos en los ojos de Oberyn.
- - ¡Ahhhh! – gritó la Víbora Roja, con gran dolor.
Le ardía la zona dónde había tenido los ojos y por dónde ahora salía sangre. <<Lo ha confesado, hermana. Lo ha
confesado>>; <<No lo he podido matar, por ahora>>.
Quería llorar, pero ya no tenía
ojos, había hecho lo posible por matarlo y que confesará. Había conseguido su
confesión y su muerte sería pronto, además de tener la esperanza del fuego y
sangre.
- - Fue después cuando la violé – continuó Gregor
hundiendo su puño dentro de la boca del dorniense.
Oberyn dejó de oír todo lo que se
decía y empezó a oír una voz que llevaba años sin escuchar, pero que era la voz
que quería oír en el último instante de su vida, que le dijo las palabras que
llevaba tanto tiempo sin oír. <<Ven, hermanito>>.
FIN
hola! Soy yo, Marla, el final me ha llegado muchísimo...genial
ResponderEliminarHola Marla, gracias por tu comentario. El que te decía no era este, era el de septiembre de "El Venado y la Cebolla". Ahora lo pondré en borrador, pero avisa mañana y lo pongo
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